martes, 27 de marzo de 2012

Ráquira, entre la tradición y el aire limpio

Ráquira, entre la tradición y el aire limpio: Se trata de un proyecto de la Corporación Colombiana Internacional (CCI), apoyado por la Corporación Autónoma Regional (CAR), cuyo objetivo es el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores del campo (productores agrícolas y pecuarios de diferentes municipios) y de la arcilla producida en Ráquira.
Las buenas prácticas ambientales y el fomento de una producción más limpia (PML) son los logros obtenidos a través de su implementación.  El resultado es la toma de conciencia por parte de los productores y artesanos de la región, así como su certificación con el sello verde, una garantía de que están cuidando el medio ambiente.
Son dos tareas diferentes adelantadas al mismo tiempo que generan resultados muy interesantes. La primera de ellas se desarrolla en Ráquira (Boyacá), la región más contaminada del país, donde hasta hace poco costaba mucho trabajo respirar. Allí fueron capacitados 28 productores, a través de una estrategia modelo que ha evidenciado los impactos sociales, legales, económicos y, por supuesto, ambientales, que esta actividad artesanal trae consigo.
En efecto, las consecuencias ambientales causadas por esta actividad repercuten directamente sobre su propio hábitat (aire y agua), y se hacen patentes en enfermedades digestivas y respiratorias de conocimiento público y comprobadas por las autoridades de salud del municipio.
No podría ser de otra manera, pues según estudios hechos por el grupo de investigación del proyecto, de los 300 hornos existentes solo el 15% usan gas (menos contaminante), mientras que los demás usan carbón.
El ejercicio fue coordinado por Natalia Vásquez, ingeniera agrónoma de la UN, en compañía de Diego Ruiz, ingeniero ambiental de la Universidad Distrital. Ambos se valieron de esta iniciativa para desarrollar competencias, procesos de autogestión y un mejor estilo de vida para estos artesanos.
En palabras de Ruiz, se trata de “un problema de disponibilidad técnica, pero sobre todo cultural, concebido como un negocio formal y poco productivo”.
El ingeniero hace mucho hincapié en que los artesanos que cocinan con gas venden lo mismo que los tradicionales, que lo hacen con carbón. Sin embargo, cree que se puede pagar un poco más por una producción más limpia que sea reconocida, porque el mínimo estándar ambiental es tener una estufa de gas.
Esta iniciativa, agrega Ruiz, busca que los artesanos vayan adquiriendo un  mejor desempeño en sus competencias. Para eso, los miembros del equipo están dispuestos a prestar toda la ayuda técnica, asesorías en estudios de mercadeo y, además, profesionalizar la cultura del negocio.
La formación comprende asignaturas en competitividad empresarial, seguridad industrial y desarrollo de la actividad productiva, cuyos ejes están basados en hacerle el menor daño posible al medioambiente. Sin duda, estos se convierten en los primeros esfuerzos en busca de un mejor estilo de vida para estos trabajadores de la tierra y de la arcilla.
En Cundinamarca
El proceso con los productores agrícolas y pecuarios ha sido similar: se evalúan las buenas prácticas agrícolas (normativa del ICA) y, en el caso de los lecheros, las ganaderas. Pero también, las ambientales, a saber: permiso de uso de agua, conocimiento del POT (Plan de Ordenamiento Territorial), adecuada utilización del suelo de manejo de basuras y de quemas y la correcta disposición de los empaques de los elementos veterinarios.
El 90% de los productores están ubicados en las poblaciones de Guatavita, La Calera, Funza, Madrid, Subachoque, Tenjo, Granada y Facatativá y se encuentran en nivel básico. “El balance es positivo, porque el fin último es generar conciencia empresarial y de producción limpia”, explica Vásquez. Y añade: “se puede implementar tecnología y hacer producción limpia y rentable”.
La ingeniera Vásquez asegura que uno de los estímulos para que se unan a esas buenas prácticas es que el mercado está demandando productos elaborados con administración racional de los recursos.
Pero, además, según dice, se trata de hacer un llamado a los consumidores para indagar por el origen del producto: si fue o no producido de manera ambiental, social y económicamente responsable.
La producción más limpia (PML)
Esta tiene que ver con la aplicación continua de una estrategia integrada y preventiva cuyo fin es incrementar la eficiencia de todos los procesos productivos y reducir los efectos negativos sobre los seres humanos y el medio ambiente. La producción más limpia lleva al ahorro de costos y habilita a las organizaciones y a las empresas para alcanzar sus metas económicas mientras mejoran el ambiente.

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