miércoles, 27 de junio de 2012

[Vídeo] Las auroras boreales como nunca antes las habías visto

[Vídeo] Las auroras boreales como nunca antes las habías visto:
Celestial Lights from Ole C. Salomonsen on Vimeo.

Tras realizar más de 150.000 fotografías, realizadas entre septiembre del 2011 y abril de este mismo año, el fotógrafo Ole C. Salomonsen ha inmortalizado como nadie las de auroras boreales de los fríos cielos escandinavos, las regiones más al norte de Noruega, Finlandia y Suecia.

Vía | AbadíaDigital

martes, 26 de junio de 2012

Dossier Ecología y economía en Río+20

Dossier Ecología y economía en Río+20:


Alejandro Nadal · Daniel Tanuro · George Monbiot · · ·

Río+20: para rescatar el neoliberalismo


El mundo no sólo enfrenta el reto de una crisis global que gana fuerzas cada día, con su secuela de desempleo y su promesa de estancamiento a largo plazo. También se le opone un proceso de deterioro ambiental sin paralelo. Extinción masiva de especies, erosión de suelos y cambio climático son ejemplos de esta degradación ambiental provocada por la actividad humana.
Cualquier persona esperaría que las causas profundas de estos problemas serían abordadas con rigor en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable (mejor conocida como Río+20). La conferencia depende de todo el sistema de Naciones Unidas, pero la voz cantante la lleva el Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) a través de su propuesta de crear una economía verde.
La noción de economía verde ha sido objeto de una fuerte polémica desde que surgió esta iniciativa del PNUMA. Se le ha definido como una economía en la que hay crecimiento con equidad social, bajas emisiones de carbono y mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales. Según el PNUMA, si se invierte una suma equivalente al 2% del PIB mundial en diez sectores de la economía, se puede asegurar la transición a una economía verde.
Aquí comienzan los problemas. En los documentos oficiales del PNUMA para la conferencia de Río+20 no se encuentra un capítulo que haga referencia a la crisis que hoy azota la economía mundial. No se analizan sus orígenes o su naturaleza, y tampoco se consideran los efectos de las políticas macroeconómicas con las que se ha buscado hacerle frente. Tal pareciera que nada de esto tiene implicaciones para los esfuerzos en alcanzar la dichosa economía verde.
Esta no es una omisión inocente. Al ignorar la crisis, que es en esencia un fenómeno macroeconómico, se evade de manera conveniente la discusión sobre las contradicciones internas del modelo neoliberal. Así se eluden temas como la caída en el poder adquisitivo de los salarios, el endeudamiento de los hogares, la expansión y opacidad del sector financiero. Con esto se guarda en un cajón el tema de la inestabilidad de las economías capitalistas.
Lo único que queda es una serie de sectores aislados en donde los problemas pueden ser cómodamente tratados como fallas de mercado. Aquí entra la economía ambiental de corte neoclásico al rescate. Su mensaje es sencillo: lo que se necesita es colocar un precio a todo lo que llamamos medio ambiente y crear nuevos mercados (como el de bonos de carbono).
Y ¿la reducción de la pobreza en la economía verde? La realidad es que no hay ningún mecanismo en la concepción del PNUMA sobre la economía verde que permita pensar en esta reducción de la pobreza. No se analiza el tema de los salarios. Qué raro, ¿verdad? Lo único que dicen los documentos de este organismo es que si se invierte en el capital natural que es el soporte de la agricultura, las pesquerías y los bosques, los pobres que dependen de estos sectores se verán beneficiados. Ésta es, desde luego, una afirmación aventurada. Si se hace abstracción de la estructura económica en estos sectores es difícil sostener la idea de que nuevas inversiones tendrán, por sí solas, el efecto deseado.
¿De dónde vendrán las inversiones para la transición a la economía verde? El PNUMA responde: del sector financiero. Poco importa que el mundo de los bancos de inversión, de las casas de bolsa, de los vehículos de inversión estructurada y de las empresas calificadoras haya sido el epicentro de la crisis global. Tampoco es relevante el que los mercados financieros sean esencialmente inestables y volátiles. Para el PNUMA lo que interesa es mantener a la política económica subordinada a los dictados del capital financiero.
Un defecto clave de la iniciativa del PNUMA se relaciona con el modelo matemático utilizado para simular la transición a la economía verde. Es ya una práctica común en este tipo de aventuras utilizar modelos matemáticos que supuestamente proporcionan números duros para justificar un proyecto y vestirlo de un manto de rigor analítico. En este caso son muchas las limitaciones del modelo utilizado, pero una salta a la vista: no se necesita ser experto para observar que en dicho modelo no hay lugar para el sector financiero. Esto es sorprendente para cualquier observador, pero los economistas están acostumbrados a este tipo de aberraciones.
Aquí la contradicción del PNUMA es chocante. Por una parte no tiene empacho en afirmar que las inversiones para alcanzar la economía verde provendrán del sector financiero. Por la otra, el modelo matemático para imprimir rigor y sustentar sus afirmaciones, no puede incorporar al sector financiero. Caray, como dijo Marcelo en el Hamlet, algo está podrido en Dinamarca.
Con su iniciativa de la economía verde los funcionarios responsables del PNUMA han defraudado a los pueblos del mundo. En la conferencia de Río sobre desarrollo sustentable no es la salvación del mundo la prioridad. Lo que se busca es rescatar al modelo neoliberal.

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso

La Jornada, 20 de junio de 2012



Río + 20:  el futuro que no queremos

Veinte años después de la primera Cumbre de la Tierra, la ONU volvió a Río para una nueva conferencia bajo el signo de la "economía verde". Bajo el título "El futuro que queremos", el proyecto de resolución no levanta acta de ningún balance de las decisiones adoptadas en 1992. En cuanto a las perspectivas, la propaganda oficial nos quiere hacer creer que combinan el respeto por las limitaciones ambientales y la justicia social ... Los textos muestran un proyecto totalmente diferente: la ayuda masiva a las empresas para acaparar y saquear aún más sistemáticamente los recursos naturales, a expensas de la sociedad. Inspirado sobre todo por el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía, “El futuro que queremos” es un documento radicalmente ultraliberal. Implica una mayor austeridad, miseria y desigualdad social, y una peligrosa escalada de la degradación ambiental. Una doble observación que refuerza la urgencia del combate eco-social por una alternativa al productivismo capitalista.
Una buena manera de escamotear el balance de una política es alinear los aspectos positivos y negativos alternativamente, dejándolo en la vaguedad y sin la integración de las dos dimensiones. En este viejo truco manido es el que se utiliza en el proyecto de resolución de Río +20. Se dice en el párrafo 10 que "en los veinte años transcurridos desde la Cumbre de la Tierra en el año 1992, se registraron avances y cambios", y agrega a continuación que "el desarrollo insostenible ha aumentado la presión sobre los limitados recursos naturales de la Tierra". Y así sucesivamente en varios párrafos. ¿Debemos creer que nos acercamos a la meta, cuando nos estamos alejando?
Ocultar este fracaso ...
Ya que la ONU no evalúa sus decisiones, vamos a hacerlo nosotros mismos. La cumbre de 1992 aprobó principalmente la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC), de donde salió a duras penas  el Protocolo de Kioto. Hace dos años fue formado el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). El cuarto informe (2007) de este organismo confirmó los anteriores: para que la temperatura de la superficie de la Tierra no supere un aumento de 2 grados centígrados en comparación con 1780, las emisiones de gases de efecto invernadero deben comenzar a disminuir, como más tarde, en el año 2015, para disminuir durante cuarenta años del 50 a 85% en todo el mundo, y del 80 al 95% en los países desarrollados, en comparación con 1990. (En realidad, sería prudente optar por la parte superior de estas bandas, ya que el calentamiento avanza más rápido que lo indicado por los modelos).
¿Todavía hay que demostrar que no avanzamos en este sentido? En general, todos los gases sumados, las emisiones han crecido por lo menos el 25% en veinte años. Además, su tasa de crecimiento anual se ha triplicado, llegando al 3% el año 2000 (3,4% en 2011). Los objetivos más que simbólicos de Kioto ni siquiera se respetan. Para atajar el calentamiento global, se necesita con urgencia un nuevo acuerdo internacional vinculante, proactivo e incluyente, teniendo debidamente en cuenta el principio (consagrado en la Convención) de  responsabilidad compartida, pero diferenciada, de los países y grupos de países. Sin embargo, la creciente competencia intercapitalista, sobre todo desde la crisis financiera de 2008, hace que la conclusión sea más que dudosa.
La cumbre de Copenhague del 2009 fue un rotundo fracaso. Las de Cancún y Durban, en 2010 y 2011, no han hecho más que tomar nota de una lista de buenas intenciones - para adormecer las protestas- para hacer hincapié en las pseudo-soluciones liberales basadas ​​en la creación de un mercado de carbono. Resultado: ya no es posible permanecer por debajo de un aumento de la temperatura de 2 grados centígrados. Sobre la base de las promesas de los estados (¿pero acaso se cumplirán?), la tendencia es, en realidad, hacia un calentamiento de entre 3,5 y 4 grados centígrados, o más, hasta finales del siglo.
Lo que se está produciendo no es un cambio climático, sino un vuelco climático. Y tendrá consecuencias graves e irreversibles sobre el nivel del mar, la productividad agrícola, los suministro de agua, la biodiversidad, la salud ... Cientos de millones de personas sufrirán las consecuencias, sobre todo los pobres de los países pobres. En el proyecto de resolución, este fracaso se esconde bajo la alfombra con tres frases vacías: repite que "el cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo", que "acoge con satisfacción el resultado de la Conferencia de Durban", y expresa su "profunda preocupación por los países en desarrollo, que son particularmente vulnerables. "
El párrafo 70 del proyecto de resolución es el único que propone objetivos numéricos y plazos. Dice: "Nos proponemos mejorar la eficiencia energética a todos los niveles para duplicar su tasa de crecimiento anual hasta el 2030 y doblar la cuota de energías renovables en el mix energético para el año 2030". Escenarios tomados de la Agencia Internacional de la Energía, estos objetivos relativos no son garantía, por supuesto, de una reducción absoluta de las emisiones mundiales del 50 al 80%. Todo depende de la evolución de la demanda de energía. Ahora bien la AIE propuso duplicar la eficiencia energética en treinta años ... y añade que la parte de los combustibles fósiles seguirá predominando.
Mejorar la eficiencia energética y la participación de las energías renovables son sólo un medio para lograr los objetivos: en concreto, la limitación del aumento de la temperatura a ese nivel,  de donde se deduce la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la misma proporción. La cumbre de Cancún adoptó el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a 2 ° C , incluso  1,5 ° C ... sin especificar los medios para ponerlo en práctica. Para Río +20, es todo lo contrario: el proyecto de resolución identifica los medios... sin haber fijado un objetivo.
 Economía Verde
¿Por qué todo este lío? Porque la preocupación de la cumbre no es "erradicar la pobreza en el cuadro de un desarrollo sostenible", como dice la propaganda de la ONU. Sino que trata de abrir oportunidades a la gran cantidad de capital excedente que pulula como buitres por el cielo en busca de ganancias. La especulación sobre las monedas, sobre las deudas y las materias primas ya no es suficiente para satisfacer su apetito. Los grandes grupos apuestan cada vez más por la industria verde y por la transformación de los recursos naturales en mercancías. Vender los bienes y servicios que la naturaleza nos proporciona - convertir esos valores de uso en valores de cambio- es su objetivo.
Es en este contexto donde surgió el nuevo concepto de moda: la llamada "economía verde". Su definición es tan nebulosa [1] que algunos creen que es una nueva etiqueta en la vieja botella del desarrollo sostenible. Error. Como señala el informe que el PNUMA publicó para Río +20, "el concepto no pretende sustituir al de desarrollo sostenible, sin embargo cada vez más se reconoce que el logro del desarrollo sostenible depende casi en su totalidad de un buen enfoque económico ( ...). El desarrollo sostenible sigue siendo un importante objetivo a largo plazo, pero para llegar a él es necesario “enverdecer” la economía "[2].
En otras palabras, la insostenibilidad del desarrollo no se debe a la superación de los límites ecológicos: es simplemente resultado de que los empresarios no entienden la necesidad de adoptar "un buen enfoque económico". En lugar de perder el tiempo en buscar "compromisos" entre lo social, lo ambiental y lo económico - según recomienda el "desarrollo sostenible" - es suficiente centrarse en la economía, hacerla verde y el resto vendrá dado "casi en su totalidad". El PNUMA lo escribe, blanco sobre negro: "la inevitabilidad de un compromiso entre la sostenibilidad ambiental y el progreso económico es el error más común", porque "hay muchas oportunidades de inversión, y por lo tanto de aumentar la riqueza y el empleo en muchas zonas verdes".
Un breve repaso en perspectiva aclarará el alcance de esta cita. Hace cuarenta años, el Club de Roma abogó por un "crecimiento cero". Su informe planteaba una gran cantidad de críticas, a menudo justificadas (porque los autores coqueteaban con Malthus), pero tenían la ventaja de decir lo que era evidente: la imposibilidad de un crecimiento material ilimitado en un mundo finito. Quince años más tarde, el informe Brundlandt  trató de resolver el problema proponiendo el concepto de desarrollo sostenible. Una respuesta inconsistente – no ponía en cuestión ni el productivismo inherente al capital ni a la burocracia de la URSS -, pero los límites estaban presentes, a través de la insistencia en el uso cuidadoso de los recursos. En Río de Janeiro en 1992, este énfasis se diluyó en la teoría de los  “compromisos inevitables”entre los "tres pilares". La "Economía verde" representa un nuevo cambio: en adelante, en nombre del compromiso, dejemos hacer negocios, business. Como el capital se niega a respetar los límites de los recursos, que sean los recursos los que respeten las necesidades ilimitadas del capital.
El avance del concepto de economía verde es, pues, una victoria de los ideólogos neoliberales. Durante más de veinte años, han luchado contra la idea misma de los límites del desarrollo (los más fanáticos) y contra la necesidad de "compromisos" entre la economía y los otros "pilares". Uno de sus argumentos es que la propiedad y la explotación capitalista de los recursos en un marco normativo claro garantizaría su uso ecológicamente sostenible y socialmente útil. El Banco Mundial pone en práctica estas ideas con entusiasmo a través de sus diversos fondos y proyectos "verdes". Recientemente, también ha publicado un informe [3].  El PNUMA se alinea completamente con esta doctrina.
Sin embargo, está lejos de estar todo tan claro. Surgen varias cuestiones. 1) Una proporción significativa de la industria verde, sólo es rentable potencialmente; la mayoría de las fuentes de energía renovables, en particular, no son competitivas en relación a los combustibles fósiles, y no lo serán en los próximos quince a veinte años. 2) Grandes masas de capital están bloqueadas en el sistema energético actual, donde las inversiones son a largo plazo; dos ejemplos: el costo total de reemplazar los combustibles fósiles y las centrales nucleares se estima entre 15 y 20 trillones de dólares (¡entre un cuarto a un tercio del PIB mundial!), y las reservas probadas de combustibles fósiles - que forman parte de los activos de grupos de presión del carbón, el petróleo y el gas -son cinco veces superiores al presupuesto de carbono que la humanidad aún puede permitirse el lujo de quemar (la "burbuja de carbono") ... 3) Una buena parte de los recursos naturales son bienes públicos que no pertenecen a nadie y no se pueden medir en términos monetarios.
La vuelta de los cercados
El capital no podrá ,por lo tanto, alcanzar su paraíso verde a menos que los estados le allanen el camino. El PNUMA lo afirma sin rodeos: "Los sectores de las finanzas y la inversión controlan miles de millones de dólares y son capaces de proporcionar el grueso de la financiación. (...) Los fondos de pensiones y compañías de seguros están considerando cada vez más  la posibilidad de reducir los riesgos MSG (medioambientales, sociales y de gobierno) a través de la formación de  “carteras de activos verdes ...”. Sin embargo, la tasa de ganancia no es suficiente, por lo que"la financiación pública es esencial para activar la transformación de la economía". Por lo tanto, "el buen enfoque económico" es llevar a cabo las "reformas necesarias para liberar el potencial de producción y el empleo de una economía verde", que actuará "como un nuevo motor y no como un retardador del crecimiento".
De acuerdo con la tesis ultraliberal de la "tragedia de los comunes", la privatización de los recursos es una prioridad en este programa de "relanzamiento". Para el PNUMA, en efecto, "la infravaloración, la mala gestión y, en última instancia, la pérdida" de los "servicios ambientales" han sido "provocados" por su "invisibilidad económica", que se deriva del hecho de que son "sobre todo bienes y servicios públicos". Por consiguiente: si los bosques, el agua, el aire, la tierra, la luz solar, las poblaciones de peces, la vida en general y la gestión de residuos se privatizaran por completo, sus propietarios deberían garantizar la sostenibilidad ecológica, ya que ésta condicionaría la sostenibilidad de sus beneficios y el coste auténtico impediría el consumo excesivo.
Por consiguiente, el PNUMA pasa revista a todas estas áreas, señalando las políticas a decidir a fin de que los diversos elementos del "capital natural" se puedan transformar en mercancías, a expensas de la comunidad. En el sector forestal, por ejemplo, aboga por "una asignación del 0,03% del PIB entre 2011 y 2050 para pagar a los propietarios por la conservación de sus bosques y la inversión privada en reforestación" para aumentar "el valor agregado de la industria forestal en más del 20%”. En el sector del agua, señala que "la brecha entre la oferta general y la demanda es importante e insostenible, por lo que sólo cubierta por la inversión en infraestructuras y la reforma de las políticas del agua, es decir, la ecologización del sector del agua. "Más ecológico" significa "mejores sistemas de derechos de propiedad y de asignación de recursos, la generalización del pago de los servicios ambientales, reducir los subsidios al consumo y la mejora de la facturación del agua y su financiación". Todo es por el estilo. Se trata de la repetición en todo el planeta y en todas las áreas de  los "cercados" de las tierras comunales, que en Inglaterra, llevaron a los campesinos a la pobreza, expulsándoles de sus tierras, creando así el proletariado.
Pero no es sólo la privatización. La transición a una economía verde significa que los gobiernos deben "establecer las reglas de juego más favorables a los productos ecológicos, es decir, abandonar  la fase de las subvenciones de otros tiempos, reformar sus políticas, adoptar medidas que incentiven, fortalecer la infraestructura de los mercados y los mecanismos económicos, reorientar la inversión pública y reverdecer los mercados públicos ". Toda una panoplia de reformas neoliberales ha sido ya preparada, desde el sistema de emisiones canjeables hasta los pagos por servicios ambientales (con REDD y REDD + controladores citados como ejemplos), a través de la liberalización del comercio mundial. Como la economía verde debe ser competitiva y "rentable", el programa también incluye la flexibilidad, la precariedad laboral, y la disminución de las “cargas sociales " - eventualmente para compensar los impuestos medioambientales, tomando como ejemplo lo que se ha hecho en Alemania. Todo en nombre del empleo, por supuesto.
 La lucha ecosocialista
No es broma, “El futuro que queremos”  llama a un "enfoque holístico del desarrollo sostenible, que guiará a la humanidad hacia una vida armoniosa con la  naturaleza (sic)". ¡Qué bla,bla,bla, qué cinismo!
En materia social, dada la enorme deuda de los estados, la financiación de la llamada "economía verde" implica necesariamente la acentuación de la brutal ofensiva que los empresarios, los gobiernos, el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones llevan a cabo contra el "99%" de la población, de norte a sur y de este a oeste del planeta.
En materia ambiental, no hay foto tampoco. Para trazar la ruta de la transición a una economía verde, el PNUMA se basa principalmente en el escenario Mapa Azul de la AIE, para reducir las emisiones a la mitad el año 2050. En primer lugar, suponiendo que el objetivo se cumpla, lo más probable es que fuera insuficiente. Además, el Mapa Azul depende de manera determinante de las tecnologías de los aprendices de brujo como son la nuclear, los biocombustibles y el llamado "carbón limpio" (con captura y secuestro de carbono): se deberían construir anualmente durante cuarenta años, 32 plantas de energía nuclear de 1.000 MW, así como 45 nuevas centrales de carbón de 500 MW equipadas con mecanismos de captura y almacenamiento de carbono con CCS ...
Río+20 es el mejor ejemplo del "futuro que no queremos", aquel que lleva a la destrucción social y ecológica provocada por el capitalismo. El interés de los explotados y oprimidos es bloquearla con su lucha ecosocialista, contraponiendo sistemáticamente a la lógica del crecimiento y del beneficio, la lógica alternativa de la satisfacción de las necesidades humanas reales, decididas democráticamente en el respeto prudente de los ecosistemas.
Notas: [1] Véase en especial Naciones Unidas, Estudio Económico y Social Mundial 2011, "La Gran Transformación Tecnológica Verde", p. V.; [2] PNUMA, "Hacia una Economía Verde", 2011; [3] Banco Mundial, 2011, "Crecimiento Verde Inclusivo: el camino hacia el desarrollo sostenible".
Daniel Tanuro, ingeniero agrónomo y ecologista, es colaborador del periódico La Gauche
Traducción para www.sinpermiso.info: Alfons Bech






Río 2012: la cumbre del “ahora o nunca”. Igual que nos dijeron en Río 1992

Vencidos por la esperanza. En esos aprietos nos vemos quienes hemos intentado defender los sistemas de vida de la Tierra. Cada vez que los gobiernos se reúnen a discutir la crisis medioambiental, nos dicen que esta es la "cumbre del ahora o nunca" de la que depende el futuro. Puede que las conversaciones hayan fracasado anteriormente, pero esta vez descenderá la luz de la razón sobre el mundo.  
Sabemos que es pura basura, pero dejamos que se eleven nuestras esperanzas, para ser testigos tan solo de cómo 190 países discuten toda la noche en torno al uso del subjuntivo en el párrafo 286. Sabemos que al final de este proceso el Secretario General de las Naciones Unidas, cuyo trabajo le obliga a emitir sinsentidos en un impresionante número de idiomas, explicará que las cuestiones sin resolver (a saber, todas ellas) se resuelvan en la cumbre del año próximo. Y sin embargo, todavía esperamos algo más.
La cumbre de la Tierra de esta semana en Río de Janeiro es una sombra fantasmal de la alegre y confiada reunión de hace veinte años. A estas alturas, nos dijeron los dirigentes que se reunieron en la misma ciudad en 1992, los problemas medioambientales del mundo se iban a haber resuelto. Pero todo lo que han generado son más debates, que continuarán hasta que los delegados, rodeados por el ascenso de las aguas, se hayan comido hasta la última paloma exótica, exquisitamente presentada envuelta en hojas de olivo. La biosfera que los líderes mundiales prometieron proteger se encuentra en peor estado hoy que hace veinte años. ¿No es hora de reconocer que han fracasado?
Estas cumbres han fracasado por la misma razón por la que han fracasado los bancos. Los sistemas políticos que se suponía que debían representarnos a todos reaparecen con gobiernos de millonarios, financiados por multimillonarios en nombre de los cuales actúan. Los últimos 20 años han sido un banquete de multimillonarios. A instancias de las grandes empresas y los megarricos, los gobiernos han eliminado las consideraciones limitadoras – leyes y reglamentaciones – que impiden que una persona destruya a otra. Esperar que gobiernos financiados y designados por esta clase protejan la biosfera y defiendan a los pobres es como esperar que un león se alimente de gazpacho.
No hay más que ver el modo en que los Estados Unidos han atacado con saña el borrador de declaración de la cumbre de la Tierra para aprehender la escala de este problema. El término "equitativo", insisten los EE.UU., debe ser purgado del texto. Lo mismo vale para cualquier mención del derecho a los alimentos, el agua, la salud, el imperio de la Ley, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Otro tanto en lo que respecta a un objetivo claro de impedir dos grados de calentamiento global. Lo mismo en lo que toca al compromiso de cambiar "patrones insostenibles de consumo y producción", y a desacoplar el crecimiento económico del uso de recursos naturales.  
Lo que es más significativo, la delegación norteamericana exige la eliminación de muchos de los cimientos a los que se avino un presidente republican en Río en 1992. Sobre todo, se ha determinado a purgar cualquier mención del principio central de esa cumbre de la Tierra: responsabilidades comunes, pero diferenciadas. Esto quiere decir que, si bien todos los países deberían esforzarse por proteger los recursos mundiales, los que tienen más dinero y han causado mayores daños deberían desempeñar un papel mayor.
Se trata de un gobierno, recordémoslo, que no es el de George W. Bush sino el de Barack Obama. El sabotaje mezquino, paranoico, unilateral de los acuerdos internacionales continúa ininterrumpidamente. Ver a Obama dar marcha atrás a los compromisos contraídos por Bush senior hace veinte años es contemplar en qué medida todas un minúsculo grupo de plutócratas ha reafirmado su férula sobre la política.  
Si bien el impacto destructivo de los EE.UU. en Río es mayor que el de cualquier otro país, eso no excusa nuestros propios fallos. El gobierno británico preparó la cumbre de la Tierra hacienda descarrilar tanto nuestra Ley de Cambio Climático como la directiva de Eficiencia Energética europea. David Cameron no asistirá a la cumbre de la Tierra. Tampoco asistirá Ed Davey, secretario de Energía y Cambio Climático (lo que probablemente sea una bendición, pues se trata de un completo inútil).
No hace falta decir que Cameron, junto a otros ausentes como Obama y Angela Merkel, está asistiendo a la cumbre del G20 en México, que tiene lugar inmediatamente antes de Río. Otro principio de la cumbre de 1992 – que las cuestiones económicas y medioambientales no deberían tratarse aisladamente – hecho fosfatina.
No se puede hacer frente a la crisis medioambiental por medio de los emisarios de los multimillonarios. Es al sistema al que hay que desafiar, no las decisiones individuales que toma. A este respecto, la lucha por proteger la biosfera es la misma lucha por la redistribución, por la protección de los derechos de los trabajadores, por un Estado que ofrezca posibilidades, por la igualdad ante la Ley.
De modo que esta es la gran pregunta de nuestro tiempo: ¿dónde está todo el mundo? Han desaparecido los gigantescos movimientos sociales del siglo XIX y los primeros 80 años del siglo XX y nada ha venido a reemplazarlos. Aquellos de nosotros que todavía nos enfrentamos al poder injustificado oímos el eco de nuestros pasos en los espacios cavernosos antaño atestados por las multitudes. Cuando unos cuantos cientos de personas se plantan – como hicieron quienes acamparon con el movimiento “Ocupemos…” – el resto del país se limita a esperar la clase de cambio que requiere el trabajo sostenido de millones de personas.
Sin movimientos de masas, sin la clase de enfrentamiento necesario para revitalizar la democracia, todo lo que tiene valor queda borrado del texto político. Pero no nos movilizamos, tal vez porque seguimos incesantemente seducidos por la esperanza. La esperanza es la soga de la que todos nos colgamos.    
George Monbiot es uno de los periodistas medioambientales británicos más consistentes, rigurosos y respetados, autor de libros muy difundidos como The Age of Consent: A Manifesto for a New World Order y Captive State: The Corporate Takeover of Britain, así como de volúmenes de investigación y viajes como Poisoned Arrows, Amazon Watershed y No Man's Land.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

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The Guardian, 18 de junio de 2012

viernes, 22 de junio de 2012

El paraíso marino recluido de Malasia (Pulau Redang)

El paraíso marino recluido de Malasia (Pulau Redang):
Pulay Redang es el nombre de una isla que además da nombre a un parque Marino (Pulau Redang Marine Park), en realidad un gran archipiélago salpicado de numerosas islas y promontorios rocosos en un mar en turquesa. Playas de arena blanca, de suave pendiente, aguas cristalinas y salpicadas de promontorios rocosos, bordeadas por palmeras son la fórmula de un sitio idílico. Para ingresar a la zona, hay que pagar un ingreso y autorización por cinco días, que suponen un billete al paraíso junto al mar y recluido por completo del turismo masivo, pero también, la opción a descubrir una maravilla por debajo del nivel del agua, donde las sorpresas no son menores:

Nicolas Lannuzel
Malasia
SAM Cheong

Nazir Amin
El buceo y el snorkel es una de las actividades favoritas del lugar, y por razones obvias. El Parque Marino Pulau Redang es el hogar de variedad de corales, tortugas marinas, medusas, pequeños tiburones y peces de arrecife de gran colorido. Nada mejor que apreciarlo en fotos:

Nicolas Lannuzel

Nicolas Lannuzel

SAM Cheong

Chikahiro Tokoro

Ezery Abdul Rahman

Nicolas Lannuzel

SAM Cheong

Ginta Hermawan

Cliff Cheng LF

SAM Cheong

Nazir Amin

Cliff Cheng LF

Christian Haugen

Ezry Abdul Rahman

SAM Cheong

SAM Cheong

Eason c

Nicolas Lannuzel

michelle’s blue planet

Yeowatzup

SAM Cheong

nuraihan mohd saleh

Fairuz othman

Gemma Bardsley

SAM Cheong

michelle’s blue planet

Nicolas Lannuzel

Georgio

Chris
Para llegar a la isla Redang, una de las más grandes de la costa de Malasia, hay que arribar desde Merang o Kuala Terengganu a través de barcos, aunque en la isla funciona un pequeño aeropuerto. No muy lejos, se encuentran las islas Perenhentian, que incluimos en la selección de imágenes por los similar de la tipología del paisaje y porque también son parte del área protegida del parque. Las islas Perenhentian son aún más recluidas y tranquilas. La única forma de llegar es desde los pueblos pesqueros de Kuala Besut y Tok Bali, precisamente a través de barcos pesqueros o lanchas rápidas. En toda el área del parque, la pesca, la recolección de coral (obviamente) están prohibidos. Sobre todo gracias a la escasa población en el lugar, se ha conservado como un paraíso intacto donde la fauna marina se encuentra a resguardo y en abundancia para ser observada.
Sobre las islas Perenhentian hay un completísimo post y relato de viaje en el blog Asiasido

lunes, 18 de junio de 2012

El desaguadero del mundo, en Hawaii

El desaguadero del mundo, en Hawaii:
El monte Waialeale es un verdadero embudo de agua del planeta. En realidad es un volcán con una caldera que recibe cantidades de agua de lluvia completamente desproporcionadas. Según los registros, en promedio caen unos 11.500 milímetros de lluvia al año, aunque en ocasiones, se han registrado hasta 17.300 mm en un sólo año, por lo que sin dudas, su cima es uno de los puntos más lluviosos del planeta, y para ello, hay una razón…(no se pierdan el vídeo al final)

Hawaii
Miguel Vieira
La caldera del monte Waialeale alcanza hasta los 1.569 metros de altura snm. y se encuentra en la isla de Kaua en Hawaii. Según estimaciones, puede alcanzar los 360 días de lluvia al año, algo que sucede de un modo uniforme y sin distinción de estaciones. La razón por la que se posibilitan las abundantes precipitaciones está relacionada con su situación geográfica, la exposición con los sistemas frontales que traen las lluvias a la isla, y sobre todo, la forma cónica y regular del volcán, alcanza una altura que literalmente hace de “embudo para la descarga de las nubes”. Los acantilados del volcán hacen que el aire cargado de humedad ascienda con rapidez al chocar con el volcán, descargando la lluvia en un sólo lugar y no de forma gradual como sucedería en un área menos abrupta. Así, el aire húmedo proveniente del sudeste gracias a los vientos alisios se “desploma” al ascender y condensarse,  formando decenas de cascadas en las laderas, un espectáculo que no hace falta profundizar demasiado en su belleza:

in-boulder


Eric Nelson

Miguel Vieira

mestdagh

Miguel Vieira

Imagen MiguelVieira
El Wai’ale’ale en vídeo (aunque no tiene la mejor calidad, es imponente)
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Julian Fong
Como curiosidad, del otro lado del monte sólo caen unos pocos milímetros al año, no tan lejos del punto del planeta que además es reconocido como el lugar del mundo donde llueve más días al año. Evidentemente, llegar a un lugar semejante no es tarea fácil: las abundantes lluvias hacen que el suelo sea muy húmedo y los caminos no sean apropiados. La forma más fácil de conocer éste paraje increíble es a través de un tour en helicóptero.


sábado, 16 de junio de 2012

"Cualquier discusión sobre modelos de desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo"

"Cualquier discusión sobre modelos de desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo":
FUHEM Ecosocial


Eduardo Gudynas es secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), en Uruguay, actividad que combina con la docencia en numerosas universidades latinoamericanas, europeas y estadounidenses. Es autor de más de diez libros y numerosos artículos académicos y capítulos en libros, y en 2010 fue seleccionado para integrarse en el Panel Inter Gubernamental de Cambio Climático. Vinculado al trabajo de distintas redes y organizaciones ciudadanas, destaca como uno de los principales pensadores en cuestiones ecosociales. En esta entrevista centra su análisis en el extractivismo y las transiciones a modelos alternativos de desarrollo.


– Has analizado en profundidad el modelo extractivista y sus limitaciones. ¿Podrías hacer un breve diagnóstico de este modelo y explicar las razones por las que necesitamos trascenderlo? O dicho de otra forma, de no revisar el modelo, ¿hacia dónde vamos?

– Nosotros usamos el concepto de extractivismo en un sentido acotado y que responde en cierta medida a una herencia histórica. Recordemos que en las últimas décadas se habla de “industrias extractivas” al referirse especialmente a la minería. Allí está nuestro punto de partida y desde allí definimos el extractivismo como una extracción de grandes volúmenes de recursos naturales con altos impactos sociales y ambientales y que están esencialmente orientados a los mercados globales. Bajo esta concepción, no todas las extracciones de recursos naturales son una forma de “extractivismo”, sino que abordamos un conjunto específico, tanto por su volumen como por su orientación exportadora. Bajo esta idea son extractivistas no solo muchas explotaciones mineras y petroleras, sino también otras actividades de alto impacto y globalizadas, como los monocultivos de soja o la cría de camarones, e incluso bajo ciertas condiciones lo puede ser el turismo.
Esta particular manera de entender las cosas se explica debido a que ese tipo de actividades depende esencialmente de los mercados globales. La masiva extracción de recursos no sirve necesariamente a las demandas o consumo de los latinoamericanos, sino que se envían a otros continentes. Bajo esta particular mirada, el extractivismo es un componente más de la globalización contemporánea.
América Latina sufre un extractivismo que se intensifica, que se amplía a nuevas regiones, por ejemplo, penetrando más profundamente en el continente y, por lo tanto, se multiplican los efectos negativos, tanto sociales como ambientales. Es un estilo evidentemente insustentable. Si se sigue este camino nos encontraremos que algunos recursos se agotarán, quedarán los efectos ambientales a lo largo de varias generaciones y los pretendidos beneficios económicos se disiparán rápidamente. Por lo tanto, cualquier discusión sobre modelos al desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo.


– El extractivismo –esto es, el expolio de recursos naturales– está posibilitando un rápido crecimiento económico en América Latina. Este modelo no es nuevo en el continente, pero sí lo es el hecho de que también ha sido adoptado por los gobiernos de izquierda latinoamericanos, que legitiman esta vía a través de la financiación de programas sociales, lo que los ancla en una economía de enclave. ¿Qué oportunidades están perdiendo estos gobiernos con tal curso de acción?
– Es cierto. A diferencia de Europa, especialmente en América del Sur se vive una bonanza económica evidente. El país que menos ha crecido en el último año es Brasil, y los demás presentan cifras elevadas. Las exportaciones siguen subiendo, el ingreso de inversiones es muy intenso e incluso hay países como Uruguay, que registran pleno empleo o incluso déficits para algunos rubros. No hay crisis, por lo menos, en el sentido europeo, como manifestación de una debacle económica y financiera que arrastra el empleo y obliga a programas ortodoxos de ajuste. Un componente importante para explicar esta situación es el alto precio de las materias primas y la demanda global sostenida, y ello alimenta el extractivismo. Algunos países, como Colombia, se han mantenido en un extractivismo clásico, donde el protagonismo está en las grandes empresas internacionales. Otros países, en este caso los de la nueva izquierda o progresismo, están ensayando un mayor control estatal sobre algunos sectores extractivos, incluyendo una mayor captación de renta o dejándolo en manos de sus propias empresas nacionales. Pero la cuestión clave es que mantienen esencialmente el mismo modo de una intensa extracción de recursos naturales para exportarlos. Es muy claro que ese curso de acciones está generando creciente disconformidad ciudadana, incluso protestas en algunas zonas y en ciertos países. Entonces, la base política de esos gobiernos se desgasta. Pero también pierden la oportunidad de aprovechar esta buena coyuntura para reducir su extractivismo, rebajar su dependencia de la globalización y usar los enormes recursos financieros ahora disponibles para embarcarse en otras opciones de desarrollo.


– ¿Qué supondría para estos gobiernos incorporar las ideas de equidad y justicia en cuestiones socioecológicas?

– El extractivismo, incluso el progresista, genera claras tensiones y contradicciones con las ideas de justicia, tanto social como ambiental. El aceptar la contaminación de una comunidad o desplazar poblaciones tan sólo para implantar una minera viola buena parte de las ideas clásicas de la justicia, incluso aquellas de la propia izquierda. Es cierto que los gobiernos progresistas replican que ellos defienden la justicia social, de donde ese extractivimo es necesario para conseguir los dineros que se usan en sus planes contra la pobreza. Pero se cae en una política ingenua, donde el extractivismo exportador genera impactos sociales y ambientales que se intentan compensar económicamente, y para lo cual se aumenta todavía más ese mismo extractivismo. Esto es un círculo vicioso.


– En numerosos puntos de América Latina están surgiendo conflictos socioambientales o socioecológicos, algunos de gran relieve, pero muchos de los proyectos cuestionados continúan adelante. Esto revela varios puntos clave: la lectura errónea que muchos hacen de estos conflictos –como “obstáculos a la inversión”–, el fracaso de la pretendida legitimidad del proyecto extractivo y también carencias en nuestros sistemas democráticos. ¿Cómo interpreta los conflictos socioecológicos y la respuesta que se están dando?
– En efecto, el número de conflictos socioambientales alrededor del extractivismo está aumentando, no sólo en países que los han tenido repetidamente en los últimos años, sino que incluso aparecen protestas en otros países donde no eran tan frecuentes. En una reciente revisión hemos encontrado que todos los países sudamericanos, desde el extremo sur de Chile y Argentina a Guyana y Surinam, tienen algún tipo de conflicto social alrededor del extractivismo. La composición de esos conflictos es heterogénea y compleja. En casi todos los casos son expresiones de oposición o resistencia frente al extractivismo, pero hay en algunos casos movilizaciones de apoyo a inversiones mineras o petroleras. Establecidas estas tendencias, también es compleja, y debe manejarse con precaución, la dinámica política de esos conflictos. Es cierto que implican cuestionamientos democráticos sustantivos y deberán revisarse unas cuantas ideas e instrumentos. En algunos casos, las respuestas son sencillas, como puede ser el caso de no aceptar emprendimientos que claramente destruyen la biodiversidad o desplazan comunidades. En otros casos es más complejo, tal como sucede con el ordenamiento territorial, y el balance necesario que debe lograrse entre expectativas locales y necesidades nacionales. El problema es que el Estado y los agrupamientos político partidarios actuales parecen incapaces de manejar estas cuestiones de una manera sana y entonces comienzan a negar la protesta, se burlan de las demandas sociales o ambientales; y cuando eso no les resulta, pasan a atacarla, a veces lateralmente por medio de largas y desgastantes acciones judiciales contra sus líderes o, en otros casos, criminizándolos.


– Para trascender el extractivismo se han propuesto ideas sugerentes: un cambio cultural (revisar creencias), un cambio de enfoque (salirnos del antropocentrismo), una ampliación del foco (reconocer el ineludible vínculo entre lo social y lo ambiental) y un cambio de ética (para primar el valor de uso sobre el valor de cambio). ¿Cuáles serían, en su opinión, las claves de ese tránsito?

– El concepto de postextractivismo tienen todas esas ideas y aspiraciones en su base, pero es también una respuesta de emergencia: no puede seguir soportándose el actual embate en algunas zonas y, por lo tanto, son necesarias alternativas de emergencia. Por ello, el postextractivismo tiene dos componentes: por un lado medidas de respuesta inmediatas, como, por ejemplo, aplicar en serio las medidas sociales y ambientales dentro de cada país; y por otro lado, transformaciones de mayor profundidad. Unas y otras son necesarias. El postextractivismo, al menos en la forma en que viene siendo manejado desde Claes, es un proceso de transiciones sucesivas, continuadas, que comienzan con esas medidas de emergencia, pero no se detienen en ellas, y tiene un horizonte de cambio sustancial en los estilos de desarrollo.

– Defiendes que ese tránsito hacia el postextractivismo debe realizarse en forma de transición en fases. ¿Puede explicarlo brevemente? ¿Qué clase de cambio político es necesario para allanar el terreno hacia esas transiciones?
– Esta es una conclusión inevitable de los contextos sociales y políticos actuales. Buena parte de la sociedad sudamericana ha demostrado que puede generar cambios políticos sustanciales y hoy contamos con gobiernos de izquierda, lo que era impensable hace diez años atrás. Se podrán tener muchas críticas hacia esos gobiernos, pero le puedo asegurar que todos ellos, incluso el más moderado, están a la izquierda de varias de las administraciones que ahora se observan en Europa. Estos gobiernos tienen una amplia adhesión social, varios de ellos están en segundos mandatos con gran apoyo electoral. Para buena parte de esa ciudadanía el cambio ya se realizó, y por lo tanto las opciones para nuevos cambios políticos son más limitadas.

Por otro lado, la izquierda se ha insertado en una estrategia de desarrollo entendido como crecimiento y, a su vez, dándole un gran valor al consumo material. El consumismo está en plena explosión en el continente. Y es entendible que para mayorías que estuvieron relegadas, ahora puedan darse lo que consideran sus gustos o sueños, como su propio automóvil, grandes televisores o enormes equipos de audio. Especialmente en la grandes ciudades, el costo ambiental o la destrucción de la naturaleza que sustenta ese tipo de desarrollo aparece como algo lejano, inentendible o innecesario. No olvidemos que sigue vigente la idea de una América Latina enorme, repleta de grandes riquezas ecológicas que deben ser explotadas. Bajo esas condiciones se hace muy difícil incorporar a las mayorías en reducir el consumo material, colocar restricciones al uso de la naturaleza y otras formas de alternativa. Esto tomará su tiempo.
Finalmente, la propia esencia del Buen Vivir descansa en un reclamo de respetar la diversidad de valoraciones y percepciones sobre la naturaleza, la sociedad y la buena vida. Por lo tanto, no puede haber imposiciones autoritarias de ninguna alternativa; todas ellas deben ser construidas democráticamente.

– Si examinamos las alternativas al extractivismo, se observa un sincretismo de nuevas y viejas ideas: conceptos emanados de las cosmovisiones tradicionales de los pueblos originarios, como el sumak kawsay o los derechos de la naturaleza –que defiende, entre otros, Alberto Acosta– junto a propuestas de nuevo cuño, como el decrecimiento que propone Latouche o la autocontención de Jorge Riechmann y Joaquim Sempere. Hay mucho debate tanto en América Latina como en Europa en torno a estos conceptos. ¿Qué ideas te parecen más prometedoras? ¿Hay un diálogo entre los pensadores a ambos lados del océano?

– De nuevo aquí las cuestiones son un poco más complejas de lo que aparece a simple vista. Es cierto que en lo que ahora se llama “buen vivir” hay un sincretismo entre aportes que podría decirse vienen de saberes indígenas y otros que vienen de sectores críticos occidentales. Pero es apropiado hacer unas primeras precisiones: el “buen vivir” toma componentes de tradiciones de los pueblos indígenas, en especial de las formas de entender las comunidades en forma ampliada y de otras valoraciones de la naturaleza. Pero también se toman algunos aportes que se originan en posturas críticas, marginalizadas, secundarias, desde esos márgenes del saber occidental. Hay dos de ellas que son muy claras: la ecología profunda y el feminismo. Las relaciones entre estos aportes, la forma en que se mezclan, hibridizan y condicionan es una peculiaridad claramente sudamericana y, en especial, andina. Allí diría que hay coincidencias, por ejemplo, con el trabajo de Riechmann, las críticas al desarrollo de José María Tortosa o muchos de los cuestionamientos que hace Carlos Taibo, quienes son leídos en el sur. Pero no veo similitudes o encuentros fáciles de sostener entre el Buen Vivir y el decrecimiento, especialmente en las formulaciones de Serge Latouche.

– ¿Por qué no?

– Es que el decrecimiento sigue siendo una reacción al “crecimiento” y el Buen Vivir se desacopla, se desentiende del crecimiento o el decrecimiento. Las propuestas más prácticas de Latouche de un decrecimiento resultan totalmente insuficientes para el contexto latinoamericano. Son, por ejemplo, muy débiles en cuestiones ambientales, no reconocen los derechos de la naturaleza, se preocupan mucho por cuestiones casi instrumentales como sus “r”, de reutilizar, redistribuir, reducir, etc. Tampoco es una propuesta intercultural: acepta que el sur debe hacer su propio decrecimiento, pero no ha avanzado en cómo dialogar con esas otras culturas. A mi modo de ver, el decrecimiento es un movimiento entendible en los países industrializados, con altos niveles de opulencia, pero no puede ser el objetivo o meta de una alternativa al desarrollo. En nuestras propuestas el decrecimiento, en vez de ser una meta, es una consecuencia de otros cambios más profundos. En América del Sur habrá sectores que deberán decrecer, por ejemplo, en el consumo suntuario, pero otros deberán crecer, como es el caso de infraestructura en escuelas o centros de salud.

– ¿Es posible mejorar el modelo extractivista con reformas parciales, como abogan los ideólogos del “desarrollo sostenible” y de la “economía verde”? ¿Constituyen auténticas alternativas de obligado paso para trascender el extractivismo?

– Depende del sentido de la palabra que le demos a “mejorar”. Si “mejorar” es solo hacer una campaña de publicidad para sostener un emprendimiento contaminante, eso claramente es indefendible. Pero si mejorar es, por ejemplo, poner filtros para evitar la contaminación del agua, eso es necesario, y más aún, es urgente. Entiendo que eso dejará disconforme a más de uno en Europa y en varias capitales sudamericanas, pero hay muchas comunidades locales que necesitan respuestas cuanto antes. Es lo que se viene llamando “extractivismo sensato”; no es una solución final, sino que son respuestas para atender demandas sociales, salvar ecosistemas amenazados e iniciar cambios económicos de mayor alcance.

La cuestión está en que debe entenderse que esas mejoras no son soluciones finales, sino reformas de urgencia. Y también debe entenderse que solo es posible aceptar aquellas reformas que brinden oportunidades para seguir avanzando en nuevas y más profundas transformaciones. Eso explica que, a mi modo de ver, reformas, como buenas medidas de control de la calidad ambiental, sean útiles, pero otras reformas, como la venta en dinero de servicios económicos, sean negativas y deben ser desestimadas. Las primeras brindan soluciones para lidiar con la urgencia, sirven para internalizar algunos impactos ambientales y permiten seguir avanzando. Las segundas me estancan en una mercantilización de la naturaleza. En este segundo caso está la “economía verde”, que no tiene mucho de verde, sino que aparece como una respuesta para retomar el crecimiento económico.

– La crisis económica y los recortes sociales en Europa, por un lado, y los graves impactos sociales y ecológicos en los países extractivistas, por otro, ¿pueden interpretarse como señales de alarma de que el actual modelo está en quiebra? En este sentido, este giro copernicano que supone abandonar el extractivismo –o reducirlo sensiblemente–, ¿dejará sin base al capitalismo?
– No tengo dudas que estamos en un momento de crisis. Lo que debe entenderse es que el capitalismo es un proceso que navega en las crisis. Es más, aprende de ellas y se reformula. Eso obliga a ser muy precavidos con asumir que esa estrategia está en crisis en el sentido de estar al borde de un colapso. Pero a su vez, esa propia dinámica de crisis tiene un costo social y ambiental enorme, y en algunos casos se acumulan fuerzas de resistencia y reclamo que permiten hacer un giro, un cambio.

En nuestras percepciones en América del Sur y en la marcha actual de las discusiones está quedando en claro que las alternativas al desarrollo están más allá del capitalismo, pero también del socialismo. Justamente aquí aparece la potencialidad de los aportes de los saberes indígenas sobre el Buen Vivir porque ellos dan ese empuje necesario para poder ver más allá de la modernidad occidental. Bajo esta mirada, el extractivismo, en el sentido dado al inicio de esta entrevista, como masiva apropiación de la naturaleza ligada a la globalización, debe desaparecer. Esto no quiere decir tener una naturaleza intocada, sino que se deberán aprovechar los recursos, pero solamente aquellos realmente necesarios e indispensables para asegurar la calidad de vida. Sin duda, es un futuro más austero.

La Tierra al servicio del petróleo

La Tierra al servicio del petróleo:
Una noticia del NYT:
…….a move hailed as a victory for Texas elected officials and oil and gas executives who fought the proposal and asserted that the protected status was unwarranted and threatened jobs and oil and gas production.
Los petroleros celebran que se desprotejan extesiones de terreno para que sigan abiertas a su expolio.
Las razones que da casi todo el mundo es que la gasolina es ”necesaria” (los humos del diesel han sido declarados concerígenos por la OMS) para el bienestar humano. Y es -casi- cierto. El petróleo y el gas son energía y el ser humano necesita energía para vivir. Pero la energía puede salir de otroas muchas fuentes sin necesidar de exprimir en 20 años la caja fuerte de abuelo: Los pozos y pizarras que los contienen.
Es imposible hablar de la limitacion del número de seres humanos sobre la Tierra. Pero no por razones morales. la razón por la cual se necesitan 7000 millones es que por poco que consuman esos 7000 millones pagan centavos por los litros de petróleo, y esos centavos engrosan las arcas de las petroleras y gasistas.
Podemos organizar nuestras vidas de formas que exijan consumir la mitad del petróleo y del gas que consumimos ahora. Son formas inteligentes y que generan riqueza, pero riqueza distribuida para todos, y no concentrada en muy pocos bolsillos.
Y eso es el mayor pecado, no del capitalismo, sino del nuevo feudalismo medieval revivido que nos está invadiendo desde hace unas décadas.
Somos tontos del ….. Ante la corrupción abierta y galopante, votamos para que sigan los mismos que se embolsaron los euros. Ante la inutilidad manifiesta de otros para arreglar la situación económica, les seguimos votando. En los EEUU han entrado en una espiral descendente en el reparto de al riqueza, pero la campaña electoral se juega no en términos de riqueza o pobreza, sino en términos de aborto o no aborto, la religión de cada candidato y el color de su piel. Tontos del …..
En Birmania, en China, aún pueden decir que no pueden hacer mas que lo que les manden. Aquí, y en Los Ángeles, en Dallas y en Nueva York, en Sevilla y en Madrid, en Valencia y en Barceloa elegimos libremente, aquí a quienes cobran por sestear, allí a quienes legislan pagados por los nuevos señores feudales.
Tontos del …..

lunes, 11 de junio de 2012

La Tierra al borde del colapso

La Tierra al borde del colapso:
Según un estudio la mala administración de los recursos naturales y el crecimiento de la población están colocando a la biosfera terrestre cerca de un punto de no retorno a partir del cual la supervivencia de la humanidad estaría en peligro.
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De entre las cosas que no se hacen del todo bien en NeoFronteras está el cubrir todas las noticias importantes sobre medio ambiente y cambio climático. Si así se hiciera se haría una mejor labor social y se contribuiría a concienciar a la población. De este modo quizás se podría ayudar a evitar un desastre. Lo malo es que entonces no se cubriría ninguna otra noticia.

El resultado que vamos ahora a relatar se basa en un trabajo científico serio, y no en una histeria apocalíptica. El estudio ha sido publicado en Nature y ha sido realizado por un grupo de 22 prestigiosos científicos. Es un llamamiento más para salvar al mundo de una destrucción segura producida por nuestras propias acciones.

Según este grupo de científicos la superpoblación, la destrucción del mundo natural, la contaminación, la pérdida de habitats y el cambio climático están poniendo a los ecosistemas terrestres en tal situación que la biosfera sufrirá un cambio irreversible. Ésta cruzará un punto de no retorno a partir del cual las consecuencias serán destructivas. Estos cambios irreversibles alterarán las condiciones estables en las que se desarrolló y floreció la civilización humana. La cuestión no es si hay o no punto de no retorno, sino lo cerca o lejos que estamos de él.

La presión que estamos ahora ejerciendo es mayor que la ejercida por las fuerzas naturales que, por ejemplo, provocaron el fin la última glaciación hace 11.700 años, un momento en el que muchos grandes mamíferos desaparecieron.

Anthony Barnosky, profesor en la Universidad de Berkeley y líder del estudio, dice que el mundo que salga más allá de ese punto de no retorno será un mundo muy distinto desde el punto de vista biológico. “Los datos sugieren que habrá una reducción de la biodiversidad y un impacto severo sobre los sistemas que permiten mantener nuestra calidad de vida, incluyendo la pesca, la agricultura, la producción forestal y el agua potable. Esto podría pasar en unas pocas generaciones”, añade.

En el estudio estos científicos comparan el impacto biológico de los cambios globales sucedidos en el pasado con los procesos que están sucediendo hoy en día para así calcular lo que nos depara el futuro. Se analizan siete cambios globales importantes acaecidos en el pasado, desde el fin de la última era glaciar, pasando por las cinco extinciones masivas del pasado, hasta la explosión del Cámbrico.

Según el estudio, en la biosfera terrestre desaparecerán muchas especies de plantas y animales y se producirán nuevas mezclas con las especies que queden. Además, habrá grandes perturbaciones sobre dónde y cuándo podremos cultivar nuestros alimentos.

En el artículo los científicos describen la urgente necesidad de hacer modelos mejores que estén basados en una compresión detallada de cómo la biosfera reaccionó en el pasado distante a cambios rápidos en las condiciones, incluyendo el clima y el crecimiento de la población.

Los autores del artículo discuten que, pese a que ha habido muchas señales de alarma, nadie sabe lo cerca que está la Tierra del punto de no retorno o si es ya inevitable que lo alcancemos. Piden que se haga una investigación urgente centrada en la los signos tempranos de alarma que denoten una transición global.

Según Barnosky la causa última de todo el problema es el crecimiento de la población humana y los recursos que cada uno de nosotros consume.

Hay signos de que los cambios no lineales complejos ya se están dando en varias partes del mundo, como una mayor incidencia de la malaria en áreas que ya han cruzado el umbral de temperatura que permite a los mosquitos portadores de la enfermedad sobrevivir. Según la coautora Elizabeth Hadly, de la Universidad de Stanford, ya se han sobrepasado los puntos de no retorno en algunas regiones del globo, como en el Himalaya. “He visto cómo algunas familias peleaban a machete por unos trozos de madera, madera que se emplearía esa misma tarde para preparar la cena”, dice.

Los autores señalan que los ecosistemas en los que se muestra una alteración entre el 50% y el 90% del área total, el ecosistema al completo ha pasado por un punto de no retorno hacia un estado distinto al original en términos de mezcla de especies e interacción entre ellas acompañado de pérdida de biodiversidad.

En la actualidad, con 7000 millones de habitantes, el 43% del la tierra firme de nuestro planeta ha sido convertida en terreno agrícola o urbano. Para 2045 se espera que haya 9000 millones de habitantes y la tendencia indica que la mitad de la tierra firme ya habrá sido alterada para 2025. Esto, según Barnosky colocará a la Tierra muy cerca del punto de no retorno. Sostiene que si queremos evitar un desastre nos alejemos de esa marca del 50% de uso de la tierra.

Según los expertos se necesita mejorar urgentemente la cooperación mundial, reducir el crecimiento de la población, disminuir el consumo per capita, reemplazar el uso de combustibles fósiles y desarrollar una producción más eficiente de la comida y un mejor reparto de la misma sin que se use más terreno. También abogan por una mejor administración de las regiones marítimas y terrestres que no han sido aún alteradas en exceso por los humanos y que constituyen las reservas de biodiversidad del planeta.

Un estudio de 2009 ya alertaba sobre los umbrales que el planeta está cruzando y que no se deberían cruzar si queremos que se siga manteniendo la vida.

Pero el panorama no parece alentador. De entre las 90 metas medioambientales examinadas en el congreso internacional de Río de Janeiro organizado por las Naciones Unidas sólo se ha tenido cierto éxito en cuatro de ellas. Sobre el cambio climático, por ejemplo, no se ha efectuado ningún avance.

Barnosky usa una metáfora de un barco sobre el que controlamos su timón y con el podemos tomar el curso que evite o no llegar a ese punto de no retorno. “Mi filosofía es que queremos mantener la Tierra, nuestro soporte vital, al menos tan sana como está hoy en día en términos de mantener la humanidad, y pronosticar cuándo vamos en direcciones en las que se reduciría nuestra calidad de vida para así evitarlo”, añade.

“Mi visión que la humanidad está en un cruce de caminos en donde tenemos que tomar una decisión”. Según este investigador sabemos las consecuencias que tendría tomar el camino habitual que estamos siguiendo. Si decidimos seguir como hasta ahora para ver qué pasa veremos como la calidad de vida de nuestros hijos y nietos se degrada. Si elegimos el otro camino la humanidad podría sobrevivir.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3850
Fuentes y referencias:

Nota de prensa (con vídeos).

Artículo original

Foto: Cheng (Lily) Li.

domingo, 3 de junio de 2012

Se Vende la Naturaleza

Se Vende la Naturaleza:

Alai-AmLatina


En vísperas de Rio+20 es imprescindible denunciar la nueva ofensiva del capitalismo neoliberal: la mercantilización de la naturaleza. Ya existe el mercado de carbono, establecido por el Protocolo de Kyoto (1997), el cual determina que los países desarrollados, principales contaminadores, reduzcan sus emisiones de gases de efecto estufa en un 5.2 %.

Reducir el volumen de veneno vomitado por esos países a la atmósfera implica reducir las ganancias. Por eso se inventó el crédito del carbono. Una tonelada de dióxido de carbono (CO2) equivale a un crédito de carbono. El país rico o sus empresas, al sobrepasar el límite de contaminación permitida, compra el crédito del país pobre o de sus empresas que todavía no alcanzaron sus respectivos límites de emisión de CO2 y de este modo queda autorizado a emitir gases de efecto estufa. El valor de ese permiso debe ser inferior a la multa que el país rico pagaría, en el caso de que sobrepasara su límite de emisión de CO2.

Pero surge ahora una nueva propuesta: la venta de servicios ambientales. Léase: apropiación y mercantilización de las selvas tropicales, bosques plantados (sembrados por el ser humano) y ecosistemas. Debido a la crisis financiera que afecta a los países desarrollados el capital anda buscando nuevas fuentes de lucro. Al capital industrial (producción) y al capital financiero (especulación) se le suma ahora el capital natural (apropición de la naturaleza), conocido también como economía verde.

La diferencia de los servicios ambientales es que no son prestados por una persona o empresa, sino ofrecidos, gratuitamente, por la naturaleza: agua, alimentos, plantas medicinales, carbono (su absorción y almacenamiento), minerales, madera, etc. La propuesta es poner un basta a dicha gratuidad. En la lógica capitalista el valor de cambio de un bien está por encima de su valor de uso. Por lo cual los bienes naturales deben tener precio.

Los consumidores de los bienes de la naturaleza pasarían a pagar, no sólo por la administración de la "manufactura" del producto (igual que pagamos por el agua que sale por el grifo en casa), sino por el bien mismo. Sucede que la naturaleza no tiene cuenta bancaria para recibir el dinero pagado por los servicios que presta. Los defensores de esta propuesta afirman que, por tanto, alguien o alguna institución debe recibir el pago (el don de la selva o del ecosistema).

Tal propuesta no toma en cuenta a las comunidades que habitan en las selvas. Dice una habitante de la comuidad de Katobo, selva de la República Democrática del Congo: "En la selva recogemos leña, cultivamos alimentos y comemos. La selva proporciona todo: legumbres, toda clase de animales, y eso nos permite vivir bien. Por eso nos sentimos muy felices en nuestra selva, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Cuando oímos que la selva puede estar en peligro, eso nos preocupa, porque no podríamos vivir fuera de la selva. Y si alguien nos ordenara salir de la selva, quedaríamos con mucha rabia, porque no podemos imaginar una vida que no sea dentro o cerca de la selva. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos agricultura, y también caza, y las mujeres recogen mariscos y peces en los ríos. Tenemos diferentes tipos de legumbres, y también plantas comestibles de la selva, y frutas y todo tipo de cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas, y todo lo que necesitamos".

El comercio de servicios ambientales ignora esa visión de los pueblos de la selva. Se trata de un nuevo mecanismo de mercado, por lo cual la naturaleza es cuantificada en unidades comercializables.

Esta idea, que suena como absurda, surgió en los países industrializados del hemisferio Norte en la década de 1970, cuando se dio la crisis ambiental. Europa y los Estados Unidos comprendieron que los recursos naturales son limitados. La Tierra no tiene forma de ser ampliada. Y está enferma, contaminada y degradada.

Ante esto los ideólogos del capitalismo propusieron valorar los recursos naturales para salvarlos. Calcularon el valor de los servicios ambientales entre US$ 160 mil y 540 mil millones (el PIB mundial, o sea la suma de bienes y servicios, totaliza actualmente US$ 620 mil millones). "Es el momento de reconocer que la naturaleza es la mayor empresa del mundo, trabajando para beneficiar al 100 % de la humanidad, y lo hace de gratis", afirmó Jean-Cristophe Vié, director del Programa de Especies de la IUCN, principal red global para la conservación de la naturaleza, financiada por gobiernos, agencias multilaterales y empresas multinacionales.

En 1969 Garret Hardin publicó el artículo "La tragedia de los comunitarios", para justificar la necesidad de cercar la naturaleza, privatizarla, y garantizar así su preservación. Según el autor, el uso local y gratuito de la naturaleza, como lo hace una tribu indígena, acaba en destrucción (lo que no corresponde a la verdad). La única forma de preservarla para el bien común es volverla administrable por quien tenga competencia, o sea las grandes corporaciones empresariales. He ahí la tesis de la economía verde.

Pero de sobra sabemos cómo enfocan ellas la naturaleza: como mera productora de "commodities". Por lo cual empresas extranjeras compran, en el Brasil, cada vez más tierras, lo que significa una desapropiación mercantil de nuestro territorio. (Traducción de J.L.Burguet)


- Frei Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el Universwo. Ecología y espiritualidad", entre otros libros. http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148894&titular=se-vende-la-naturaleza-