viernes, 22 de junio de 2012

El paraíso marino recluido de Malasia (Pulau Redang)

El paraíso marino recluido de Malasia (Pulau Redang):
Pulay Redang es el nombre de una isla que además da nombre a un parque Marino (Pulau Redang Marine Park), en realidad un gran archipiélago salpicado de numerosas islas y promontorios rocosos en un mar en turquesa. Playas de arena blanca, de suave pendiente, aguas cristalinas y salpicadas de promontorios rocosos, bordeadas por palmeras son la fórmula de un sitio idílico. Para ingresar a la zona, hay que pagar un ingreso y autorización por cinco días, que suponen un billete al paraíso junto al mar y recluido por completo del turismo masivo, pero también, la opción a descubrir una maravilla por debajo del nivel del agua, donde las sorpresas no son menores:

Nicolas Lannuzel
Malasia
SAM Cheong

Nazir Amin
El buceo y el snorkel es una de las actividades favoritas del lugar, y por razones obvias. El Parque Marino Pulau Redang es el hogar de variedad de corales, tortugas marinas, medusas, pequeños tiburones y peces de arrecife de gran colorido. Nada mejor que apreciarlo en fotos:

Nicolas Lannuzel

Nicolas Lannuzel

SAM Cheong

Chikahiro Tokoro

Ezery Abdul Rahman

Nicolas Lannuzel

SAM Cheong

Ginta Hermawan

Cliff Cheng LF

SAM Cheong

Nazir Amin

Cliff Cheng LF

Christian Haugen

Ezry Abdul Rahman

SAM Cheong

SAM Cheong

Eason c

Nicolas Lannuzel

michelle’s blue planet

Yeowatzup

SAM Cheong

nuraihan mohd saleh

Fairuz othman

Gemma Bardsley

SAM Cheong

michelle’s blue planet

Nicolas Lannuzel

Georgio

Chris
Para llegar a la isla Redang, una de las más grandes de la costa de Malasia, hay que arribar desde Merang o Kuala Terengganu a través de barcos, aunque en la isla funciona un pequeño aeropuerto. No muy lejos, se encuentran las islas Perenhentian, que incluimos en la selección de imágenes por los similar de la tipología del paisaje y porque también son parte del área protegida del parque. Las islas Perenhentian son aún más recluidas y tranquilas. La única forma de llegar es desde los pueblos pesqueros de Kuala Besut y Tok Bali, precisamente a través de barcos pesqueros o lanchas rápidas. En toda el área del parque, la pesca, la recolección de coral (obviamente) están prohibidos. Sobre todo gracias a la escasa población en el lugar, se ha conservado como un paraíso intacto donde la fauna marina se encuentra a resguardo y en abundancia para ser observada.
Sobre las islas Perenhentian hay un completísimo post y relato de viaje en el blog Asiasido

lunes, 18 de junio de 2012

El desaguadero del mundo, en Hawaii

El desaguadero del mundo, en Hawaii:
El monte Waialeale es un verdadero embudo de agua del planeta. En realidad es un volcán con una caldera que recibe cantidades de agua de lluvia completamente desproporcionadas. Según los registros, en promedio caen unos 11.500 milímetros de lluvia al año, aunque en ocasiones, se han registrado hasta 17.300 mm en un sólo año, por lo que sin dudas, su cima es uno de los puntos más lluviosos del planeta, y para ello, hay una razón…(no se pierdan el vídeo al final)

Hawaii
Miguel Vieira
La caldera del monte Waialeale alcanza hasta los 1.569 metros de altura snm. y se encuentra en la isla de Kaua en Hawaii. Según estimaciones, puede alcanzar los 360 días de lluvia al año, algo que sucede de un modo uniforme y sin distinción de estaciones. La razón por la que se posibilitan las abundantes precipitaciones está relacionada con su situación geográfica, la exposición con los sistemas frontales que traen las lluvias a la isla, y sobre todo, la forma cónica y regular del volcán, alcanza una altura que literalmente hace de “embudo para la descarga de las nubes”. Los acantilados del volcán hacen que el aire cargado de humedad ascienda con rapidez al chocar con el volcán, descargando la lluvia en un sólo lugar y no de forma gradual como sucedería en un área menos abrupta. Así, el aire húmedo proveniente del sudeste gracias a los vientos alisios se “desploma” al ascender y condensarse,  formando decenas de cascadas en las laderas, un espectáculo que no hace falta profundizar demasiado en su belleza:

in-boulder


Eric Nelson

Miguel Vieira

mestdagh

Miguel Vieira

Imagen MiguelVieira
El Wai’ale’ale en vídeo (aunque no tiene la mejor calidad, es imponente)
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Julian Fong
Como curiosidad, del otro lado del monte sólo caen unos pocos milímetros al año, no tan lejos del punto del planeta que además es reconocido como el lugar del mundo donde llueve más días al año. Evidentemente, llegar a un lugar semejante no es tarea fácil: las abundantes lluvias hacen que el suelo sea muy húmedo y los caminos no sean apropiados. La forma más fácil de conocer éste paraje increíble es a través de un tour en helicóptero.


sábado, 16 de junio de 2012

"Cualquier discusión sobre modelos de desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo"

"Cualquier discusión sobre modelos de desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo":
FUHEM Ecosocial


Eduardo Gudynas es secretario ejecutivo del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), en Uruguay, actividad que combina con la docencia en numerosas universidades latinoamericanas, europeas y estadounidenses. Es autor de más de diez libros y numerosos artículos académicos y capítulos en libros, y en 2010 fue seleccionado para integrarse en el Panel Inter Gubernamental de Cambio Climático. Vinculado al trabajo de distintas redes y organizaciones ciudadanas, destaca como uno de los principales pensadores en cuestiones ecosociales. En esta entrevista centra su análisis en el extractivismo y las transiciones a modelos alternativos de desarrollo.


– Has analizado en profundidad el modelo extractivista y sus limitaciones. ¿Podrías hacer un breve diagnóstico de este modelo y explicar las razones por las que necesitamos trascenderlo? O dicho de otra forma, de no revisar el modelo, ¿hacia dónde vamos?

– Nosotros usamos el concepto de extractivismo en un sentido acotado y que responde en cierta medida a una herencia histórica. Recordemos que en las últimas décadas se habla de “industrias extractivas” al referirse especialmente a la minería. Allí está nuestro punto de partida y desde allí definimos el extractivismo como una extracción de grandes volúmenes de recursos naturales con altos impactos sociales y ambientales y que están esencialmente orientados a los mercados globales. Bajo esta concepción, no todas las extracciones de recursos naturales son una forma de “extractivismo”, sino que abordamos un conjunto específico, tanto por su volumen como por su orientación exportadora. Bajo esta idea son extractivistas no solo muchas explotaciones mineras y petroleras, sino también otras actividades de alto impacto y globalizadas, como los monocultivos de soja o la cría de camarones, e incluso bajo ciertas condiciones lo puede ser el turismo.
Esta particular manera de entender las cosas se explica debido a que ese tipo de actividades depende esencialmente de los mercados globales. La masiva extracción de recursos no sirve necesariamente a las demandas o consumo de los latinoamericanos, sino que se envían a otros continentes. Bajo esta particular mirada, el extractivismo es un componente más de la globalización contemporánea.
América Latina sufre un extractivismo que se intensifica, que se amplía a nuevas regiones, por ejemplo, penetrando más profundamente en el continente y, por lo tanto, se multiplican los efectos negativos, tanto sociales como ambientales. Es un estilo evidentemente insustentable. Si se sigue este camino nos encontraremos que algunos recursos se agotarán, quedarán los efectos ambientales a lo largo de varias generaciones y los pretendidos beneficios económicos se disiparán rápidamente. Por lo tanto, cualquier discusión sobre modelos al desarrollo debe debatir simultáneamente las alternativas al extractivismo.


– El extractivismo –esto es, el expolio de recursos naturales– está posibilitando un rápido crecimiento económico en América Latina. Este modelo no es nuevo en el continente, pero sí lo es el hecho de que también ha sido adoptado por los gobiernos de izquierda latinoamericanos, que legitiman esta vía a través de la financiación de programas sociales, lo que los ancla en una economía de enclave. ¿Qué oportunidades están perdiendo estos gobiernos con tal curso de acción?
– Es cierto. A diferencia de Europa, especialmente en América del Sur se vive una bonanza económica evidente. El país que menos ha crecido en el último año es Brasil, y los demás presentan cifras elevadas. Las exportaciones siguen subiendo, el ingreso de inversiones es muy intenso e incluso hay países como Uruguay, que registran pleno empleo o incluso déficits para algunos rubros. No hay crisis, por lo menos, en el sentido europeo, como manifestación de una debacle económica y financiera que arrastra el empleo y obliga a programas ortodoxos de ajuste. Un componente importante para explicar esta situación es el alto precio de las materias primas y la demanda global sostenida, y ello alimenta el extractivismo. Algunos países, como Colombia, se han mantenido en un extractivismo clásico, donde el protagonismo está en las grandes empresas internacionales. Otros países, en este caso los de la nueva izquierda o progresismo, están ensayando un mayor control estatal sobre algunos sectores extractivos, incluyendo una mayor captación de renta o dejándolo en manos de sus propias empresas nacionales. Pero la cuestión clave es que mantienen esencialmente el mismo modo de una intensa extracción de recursos naturales para exportarlos. Es muy claro que ese curso de acciones está generando creciente disconformidad ciudadana, incluso protestas en algunas zonas y en ciertos países. Entonces, la base política de esos gobiernos se desgasta. Pero también pierden la oportunidad de aprovechar esta buena coyuntura para reducir su extractivismo, rebajar su dependencia de la globalización y usar los enormes recursos financieros ahora disponibles para embarcarse en otras opciones de desarrollo.


– ¿Qué supondría para estos gobiernos incorporar las ideas de equidad y justicia en cuestiones socioecológicas?

– El extractivismo, incluso el progresista, genera claras tensiones y contradicciones con las ideas de justicia, tanto social como ambiental. El aceptar la contaminación de una comunidad o desplazar poblaciones tan sólo para implantar una minera viola buena parte de las ideas clásicas de la justicia, incluso aquellas de la propia izquierda. Es cierto que los gobiernos progresistas replican que ellos defienden la justicia social, de donde ese extractivimo es necesario para conseguir los dineros que se usan en sus planes contra la pobreza. Pero se cae en una política ingenua, donde el extractivismo exportador genera impactos sociales y ambientales que se intentan compensar económicamente, y para lo cual se aumenta todavía más ese mismo extractivismo. Esto es un círculo vicioso.


– En numerosos puntos de América Latina están surgiendo conflictos socioambientales o socioecológicos, algunos de gran relieve, pero muchos de los proyectos cuestionados continúan adelante. Esto revela varios puntos clave: la lectura errónea que muchos hacen de estos conflictos –como “obstáculos a la inversión”–, el fracaso de la pretendida legitimidad del proyecto extractivo y también carencias en nuestros sistemas democráticos. ¿Cómo interpreta los conflictos socioecológicos y la respuesta que se están dando?
– En efecto, el número de conflictos socioambientales alrededor del extractivismo está aumentando, no sólo en países que los han tenido repetidamente en los últimos años, sino que incluso aparecen protestas en otros países donde no eran tan frecuentes. En una reciente revisión hemos encontrado que todos los países sudamericanos, desde el extremo sur de Chile y Argentina a Guyana y Surinam, tienen algún tipo de conflicto social alrededor del extractivismo. La composición de esos conflictos es heterogénea y compleja. En casi todos los casos son expresiones de oposición o resistencia frente al extractivismo, pero hay en algunos casos movilizaciones de apoyo a inversiones mineras o petroleras. Establecidas estas tendencias, también es compleja, y debe manejarse con precaución, la dinámica política de esos conflictos. Es cierto que implican cuestionamientos democráticos sustantivos y deberán revisarse unas cuantas ideas e instrumentos. En algunos casos, las respuestas son sencillas, como puede ser el caso de no aceptar emprendimientos que claramente destruyen la biodiversidad o desplazan comunidades. En otros casos es más complejo, tal como sucede con el ordenamiento territorial, y el balance necesario que debe lograrse entre expectativas locales y necesidades nacionales. El problema es que el Estado y los agrupamientos político partidarios actuales parecen incapaces de manejar estas cuestiones de una manera sana y entonces comienzan a negar la protesta, se burlan de las demandas sociales o ambientales; y cuando eso no les resulta, pasan a atacarla, a veces lateralmente por medio de largas y desgastantes acciones judiciales contra sus líderes o, en otros casos, criminizándolos.


 Para trascender el extractivismo se han propuesto ideas sugerentes: un cambio cultural (revisar creencias), un cambio de enfoque (salirnos del antropocentrismo), una ampliación del foco (reconocer el ineludible vínculo entre lo social y lo ambiental) y un cambio de ética (para primar el valor de uso sobre el valor de cambio). ¿Cuáles serían, en su opinión, las claves de ese tránsito?

– El concepto de postextractivismo tienen todas esas ideas y aspiraciones en su base, pero es también una respuesta de emergencia: no puede seguir soportándose el actual embate en algunas zonas y, por lo tanto, son necesarias alternativas de emergencia. Por ello, el postextractivismo tiene dos componentes: por un lado medidas de respuesta inmediatas, como, por ejemplo, aplicar en serio las medidas sociales y ambientales dentro de cada país; y por otro lado, transformaciones de mayor profundidad. Unas y otras son necesarias. El postextractivismo, al menos en la forma en que viene siendo manejado desde Claes, es un proceso de transiciones sucesivas, continuadas, que comienzan con esas medidas de emergencia, pero no se detienen en ellas, y tiene un horizonte de cambio sustancial en los estilos de desarrollo.

– Defiendes que ese tránsito hacia el postextractivismo debe realizarse en forma de transición en fases. ¿Puede explicarlo brevemente? ¿Qué clase de cambio político es necesario para allanar el terreno hacia esas transiciones?
– Esta es una conclusión inevitable de los contextos sociales y políticos actuales. Buena parte de la sociedad sudamericana ha demostrado que puede generar cambios políticos sustanciales y hoy contamos con gobiernos de izquierda, lo que era impensable hace diez años atrás. Se podrán tener muchas críticas hacia esos gobiernos, pero le puedo asegurar que todos ellos, incluso el más moderado, están a la izquierda de varias de las administraciones que ahora se observan en Europa. Estos gobiernos tienen una amplia adhesión social, varios de ellos están en segundos mandatos con gran apoyo electoral. Para buena parte de esa ciudadanía el cambio ya se realizó, y por lo tanto las opciones para nuevos cambios políticos son más limitadas.

Por otro lado, la izquierda se ha insertado en una estrategia de desarrollo entendido como crecimiento y, a su vez, dándole un gran valor al consumo material. El consumismo está en plena explosión en el continente. Y es entendible que para mayorías que estuvieron relegadas, ahora puedan darse lo que consideran sus gustos o sueños, como su propio automóvil, grandes televisores o enormes equipos de audio. Especialmente en la grandes ciudades, el costo ambiental o la destrucción de la naturaleza que sustenta ese tipo de desarrollo aparece como algo lejano, inentendible o innecesario. No olvidemos que sigue vigente la idea de una América Latina enorme, repleta de grandes riquezas ecológicas que deben ser explotadas. Bajo esas condiciones se hace muy difícil incorporar a las mayorías en reducir el consumo material, colocar restricciones al uso de la naturaleza y otras formas de alternativa. Esto tomará su tiempo.
Finalmente, la propia esencia del Buen Vivir descansa en un reclamo de respetar la diversidad de valoraciones y percepciones sobre la naturaleza, la sociedad y la buena vida. Por lo tanto, no puede haber imposiciones autoritarias de ninguna alternativa; todas ellas deben ser construidas democráticamente.

– Si examinamos las alternativas al extractivismo, se observa un sincretismo de nuevas y viejas ideas: conceptos emanados de las cosmovisiones tradicionales de los pueblos originarios, como el sumak kawsay o los derechos de la naturaleza –que defiende, entre otros, Alberto Acosta– junto a propuestas de nuevo cuño, como el decrecimiento que propone Latouche o la autocontención de Jorge Riechmann y Joaquim Sempere. Hay mucho debate tanto en América Latina como en Europa en torno a estos conceptos. ¿Qué ideas te parecen más prometedoras? ¿Hay un diálogo entre los pensadores a ambos lados del océano?

– De nuevo aquí las cuestiones son un poco más complejas de lo que aparece a simple vista. Es cierto que en lo que ahora se llama “buen vivir” hay un sincretismo entre aportes que podría decirse vienen de saberes indígenas y otros que vienen de sectores críticos occidentales. Pero es apropiado hacer unas primeras precisiones: el “buen vivir” toma componentes de tradiciones de los pueblos indígenas, en especial de las formas de entender las comunidades en forma ampliada y de otras valoraciones de la naturaleza. Pero también se toman algunos aportes que se originan en posturas críticas, marginalizadas, secundarias, desde esos márgenes del saber occidental. Hay dos de ellas que son muy claras: la ecología profunda y el feminismo. Las relaciones entre estos aportes, la forma en que se mezclan, hibridizan y condicionan es una peculiaridad claramente sudamericana y, en especial, andina. Allí diría que hay coincidencias, por ejemplo, con el trabajo de Riechmann, las críticas al desarrollo de José María Tortosa o muchos de los cuestionamientos que hace Carlos Taibo, quienes son leídos en el sur. Pero no veo similitudes o encuentros fáciles de sostener entre el Buen Vivir y el decrecimiento, especialmente en las formulaciones de Serge Latouche.

– ¿Por qué no?

– Es que el decrecimiento sigue siendo una reacción al “crecimiento” y el Buen Vivir se desacopla, se desentiende del crecimiento o el decrecimiento. Las propuestas más prácticas de Latouche de un decrecimiento resultan totalmente insuficientes para el contexto latinoamericano. Son, por ejemplo, muy débiles en cuestiones ambientales, no reconocen los derechos de la naturaleza, se preocupan mucho por cuestiones casi instrumentales como sus “r”, de reutilizar, redistribuir, reducir, etc. Tampoco es una propuesta intercultural: acepta que el sur debe hacer su propio decrecimiento, pero no ha avanzado en cómo dialogar con esas otras culturas. A mi modo de ver, el decrecimiento es un movimiento entendible en los países industrializados, con altos niveles de opulencia, pero no puede ser el objetivo o meta de una alternativa al desarrollo. En nuestras propuestas el decrecimiento, en vez de ser una meta, es una consecuencia de otros cambios más profundos. En América del Sur habrá sectores que deberán decrecer, por ejemplo, en el consumo suntuario, pero otros deberán crecer, como es el caso de infraestructura en escuelas o centros de salud.

– ¿Es posible mejorar el modelo extractivista con reformas parciales, como abogan los ideólogos del “desarrollo sostenible” y de la “economía verde”? ¿Constituyen auténticas alternativas de obligado paso para trascender el extractivismo?

– Depende del sentido de la palabra que le demos a “mejorar”. Si “mejorar” es solo hacer una campaña de publicidad para sostener un emprendimiento contaminante, eso claramente es indefendible. Pero si mejorar es, por ejemplo, poner filtros para evitar la contaminación del agua, eso es necesario, y más aún, es urgente. Entiendo que eso dejará disconforme a más de uno en Europa y en varias capitales sudamericanas, pero hay muchas comunidades locales que necesitan respuestas cuanto antes. Es lo que se viene llamando “extractivismo sensato”; no es una solución final, sino que son respuestas para atender demandas sociales, salvar ecosistemas amenazados e iniciar cambios económicos de mayor alcance.

La cuestión está en que debe entenderse que esas mejoras no son soluciones finales, sino reformas de urgencia. Y también debe entenderse que solo es posible aceptar aquellas reformas que brinden oportunidades para seguir avanzando en nuevas y más profundas transformaciones. Eso explica que, a mi modo de ver, reformas, como buenas medidas de control de la calidad ambiental, sean útiles, pero otras reformas, como la venta en dinero de servicios económicos, sean negativas y deben ser desestimadas. Las primeras brindan soluciones para lidiar con la urgencia, sirven para internalizar algunos impactos ambientales y permiten seguir avanzando. Las segundas me estancan en una mercantilización de la naturaleza. En este segundo caso está la “economía verde”, que no tiene mucho de verde, sino que aparece como una respuesta para retomar el crecimiento económico.

– La crisis económica y los recortes sociales en Europa, por un lado, y los graves impactos sociales y ecológicos en los países extractivistas, por otro, ¿pueden interpretarse como señales de alarma de que el actual modelo está en quiebra? En este sentido, este giro copernicano que supone abandonar el extractivismo –o reducirlo sensiblemente–, ¿dejará sin base al capitalismo?
– No tengo dudas que estamos en un momento de crisis. Lo que debe entenderse es que el capitalismo es un proceso que navega en las crisis. Es más, aprende de ellas y se reformula. Eso obliga a ser muy precavidos con asumir que esa estrategia está en crisis en el sentido de estar al borde de un colapso. Pero a su vez, esa propia dinámica de crisis tiene un costo social y ambiental enorme, y en algunos casos se acumulan fuerzas de resistencia y reclamo que permiten hacer un giro, un cambio.

En nuestras percepciones en América del Sur y en la marcha actual de las discusiones está quedando en claro que las alternativas al desarrollo están más allá del capitalismo, pero también del socialismo. Justamente aquí aparece la potencialidad de los aportes de los saberes indígenas sobre el Buen Vivir porque ellos dan ese empuje necesario para poder ver más allá de la modernidad occidental. Bajo esta mirada, el extractivismo, en el sentido dado al inicio de esta entrevista, como masiva apropiación de la naturaleza ligada a la globalización, debe desaparecer. Esto no quiere decir tener una naturaleza intocada, sino que se deberán aprovechar los recursos, pero solamente aquellos realmente necesarios e indispensables para asegurar la calidad de vida. Sin duda, es un futuro más austero.

La Tierra al servicio del petróleo

La Tierra al servicio del petróleo:
Una noticia del NYT:
…….a move hailed as a victory for Texas elected officials and oil and gas executives who fought the proposal and asserted that the protected status was unwarranted and threatened jobs and oil and gas production.
Los petroleros celebran que se desprotejan extesiones de terreno para que sigan abiertas a su expolio.
Las razones que da casi todo el mundo es que la gasolina es ”necesaria” (los humos del diesel han sido declarados concerígenos por la OMS) para el bienestar humano. Y es -casi- cierto. El petróleo y el gas son energía y el ser humano necesita energía para vivir. Pero la energía puede salir de otroas muchas fuentes sin necesidar de exprimir en 20 años la caja fuerte de abuelo: Los pozos y pizarras que los contienen.
Es imposible hablar de la limitacion del número de seres humanos sobre la Tierra. Pero no por razones morales. la razón por la cual se necesitan 7000 millones es que por poco que consuman esos 7000 millones pagan centavos por los litros de petróleo, y esos centavos engrosan las arcas de las petroleras y gasistas.
Podemos organizar nuestras vidas de formas que exijan consumir la mitad del petróleo y del gas que consumimos ahora. Son formas inteligentes y que generan riqueza, pero riqueza distribuida para todos, y no concentrada en muy pocos bolsillos.
Y eso es el mayor pecado, no del capitalismo, sino del nuevo feudalismo medieval revivido que nos está invadiendo desde hace unas décadas.
Somos tontos del ….. Ante la corrupción abierta y galopante, votamos para que sigan los mismos que se embolsaron los euros. Ante la inutilidad manifiesta de otros para arreglar la situación económica, les seguimos votando. En los EEUU han entrado en una espiral descendente en el reparto de al riqueza, pero la campaña electoral se juega no en términos de riqueza o pobreza, sino en términos de aborto o no aborto, la religión de cada candidato y el color de su piel. Tontos del …..
En Birmania, en China, aún pueden decir que no pueden hacer mas que lo que les manden. Aquí, y en Los Ángeles, en Dallas y en Nueva York, en Sevilla y en Madrid, en Valencia y en Barceloa elegimos libremente, aquí a quienes cobran por sestear, allí a quienes legislan pagados por los nuevos señores feudales.
Tontos del …..

lunes, 11 de junio de 2012

La Tierra al borde del colapso

La Tierra al borde del colapso:
Según un estudio la mala administración de los recursos naturales y el crecimiento de la población están colocando a la biosfera terrestre cerca de un punto de no retorno a partir del cual la supervivencia de la humanidad estaría en peligro.
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De entre las cosas que no se hacen del todo bien en NeoFronteras está el cubrir todas las noticias importantes sobre medio ambiente y cambio climático. Si así se hiciera se haría una mejor labor social y se contribuiría a concienciar a la población. De este modo quizás se podría ayudar a evitar un desastre. Lo malo es que entonces no se cubriría ninguna otra noticia.

El resultado que vamos ahora a relatar se basa en un trabajo científico serio, y no en una histeria apocalíptica. El estudio ha sido publicado en Nature y ha sido realizado por un grupo de 22 prestigiosos científicos. Es un llamamiento más para salvar al mundo de una destrucción segura producida por nuestras propias acciones.

Según este grupo de científicos la superpoblación, la destrucción del mundo natural, la contaminación, la pérdida de habitats y el cambio climático están poniendo a los ecosistemas terrestres en tal situación que la biosfera sufrirá un cambio irreversible. Ésta cruzará un punto de no retorno a partir del cual las consecuencias serán destructivas. Estos cambios irreversibles alterarán las condiciones estables en las que se desarrolló y floreció la civilización humana. La cuestión no es si hay o no punto de no retorno, sino lo cerca o lejos que estamos de él.

La presión que estamos ahora ejerciendo es mayor que la ejercida por las fuerzas naturales que, por ejemplo, provocaron el fin la última glaciación hace 11.700 años, un momento en el que muchos grandes mamíferos desaparecieron.

Anthony Barnosky, profesor en la Universidad de Berkeley y líder del estudio, dice que el mundo que salga más allá de ese punto de no retorno será un mundo muy distinto desde el punto de vista biológico. “Los datos sugieren que habrá una reducción de la biodiversidad y un impacto severo sobre los sistemas que permiten mantener nuestra calidad de vida, incluyendo la pesca, la agricultura, la producción forestal y el agua potable. Esto podría pasar en unas pocas generaciones”, añade.

En el estudio estos científicos comparan el impacto biológico de los cambios globales sucedidos en el pasado con los procesos que están sucediendo hoy en día para así calcular lo que nos depara el futuro. Se analizan siete cambios globales importantes acaecidos en el pasado, desde el fin de la última era glaciar, pasando por las cinco extinciones masivas del pasado, hasta la explosión del Cámbrico.

Según el estudio, en la biosfera terrestre desaparecerán muchas especies de plantas y animales y se producirán nuevas mezclas con las especies que queden. Además, habrá grandes perturbaciones sobre dónde y cuándo podremos cultivar nuestros alimentos.

En el artículo los científicos describen la urgente necesidad de hacer modelos mejores que estén basados en una compresión detallada de cómo la biosfera reaccionó en el pasado distante a cambios rápidos en las condiciones, incluyendo el clima y el crecimiento de la población.

Los autores del artículo discuten que, pese a que ha habido muchas señales de alarma, nadie sabe lo cerca que está la Tierra del punto de no retorno o si es ya inevitable que lo alcancemos. Piden que se haga una investigación urgente centrada en la los signos tempranos de alarma que denoten una transición global.

Según Barnosky la causa última de todo el problema es el crecimiento de la población humana y los recursos que cada uno de nosotros consume.

Hay signos de que los cambios no lineales complejos ya se están dando en varias partes del mundo, como una mayor incidencia de la malaria en áreas que ya han cruzado el umbral de temperatura que permite a los mosquitos portadores de la enfermedad sobrevivir. Según la coautora Elizabeth Hadly, de la Universidad de Stanford, ya se han sobrepasado los puntos de no retorno en algunas regiones del globo, como en el Himalaya. “He visto cómo algunas familias peleaban a machete por unos trozos de madera, madera que se emplearía esa misma tarde para preparar la cena”, dice.

Los autores señalan que los ecosistemas en los que se muestra una alteración entre el 50% y el 90% del área total, el ecosistema al completo ha pasado por un punto de no retorno hacia un estado distinto al original en términos de mezcla de especies e interacción entre ellas acompañado de pérdida de biodiversidad.

En la actualidad, con 7000 millones de habitantes, el 43% del la tierra firme de nuestro planeta ha sido convertida en terreno agrícola o urbano. Para 2045 se espera que haya 9000 millones de habitantes y la tendencia indica que la mitad de la tierra firme ya habrá sido alterada para 2025. Esto, según Barnosky colocará a la Tierra muy cerca del punto de no retorno. Sostiene que si queremos evitar un desastre nos alejemos de esa marca del 50% de uso de la tierra.

Según los expertos se necesita mejorar urgentemente la cooperación mundial, reducir el crecimiento de la población, disminuir el consumo per capita, reemplazar el uso de combustibles fósiles y desarrollar una producción más eficiente de la comida y un mejor reparto de la misma sin que se use más terreno. También abogan por una mejor administración de las regiones marítimas y terrestres que no han sido aún alteradas en exceso por los humanos y que constituyen las reservas de biodiversidad del planeta.

Un estudio de 2009 ya alertaba sobre los umbrales que el planeta está cruzando y que no se deberían cruzar si queremos que se siga manteniendo la vida.

Pero el panorama no parece alentador. De entre las 90 metas medioambientales examinadas en el congreso internacional de Río de Janeiro organizado por las Naciones Unidas sólo se ha tenido cierto éxito en cuatro de ellas. Sobre el cambio climático, por ejemplo, no se ha efectuado ningún avance.

Barnosky usa una metáfora de un barco sobre el que controlamos su timón y con el podemos tomar el curso que evite o no llegar a ese punto de no retorno. “Mi filosofía es que queremos mantener la Tierra, nuestro soporte vital, al menos tan sana como está hoy en día en términos de mantener la humanidad, y pronosticar cuándo vamos en direcciones en las que se reduciría nuestra calidad de vida para así evitarlo”, añade.

“Mi visión que la humanidad está en un cruce de caminos en donde tenemos que tomar una decisión”. Según este investigador sabemos las consecuencias que tendría tomar el camino habitual que estamos siguiendo. Si decidimos seguir como hasta ahora para ver qué pasa veremos como la calidad de vida de nuestros hijos y nietos se degrada. Si elegimos el otro camino la humanidad podría sobrevivir.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3850
Fuentes y referencias:

Nota de prensa (con vídeos).

Artículo original

Foto: Cheng (Lily) Li.

domingo, 3 de junio de 2012

Se Vende la Naturaleza

Se Vende la Naturaleza:

Alai-AmLatina


En vísperas de Rio+20 es imprescindible denunciar la nueva ofensiva del capitalismo neoliberal: la mercantilización de la naturaleza. Ya existe el mercado de carbono, establecido por el Protocolo de Kyoto (1997), el cual determina que los países desarrollados, principales contaminadores, reduzcan sus emisiones de gases de efecto estufa en un 5.2 %.

Reducir el volumen de veneno vomitado por esos países a la atmósfera implica reducir las ganancias. Por eso se inventó el crédito del carbono. Una tonelada de dióxido de carbono (CO2) equivale a un crédito de carbono. El país rico o sus empresas, al sobrepasar el límite de contaminación permitida, compra el crédito del país pobre o de sus empresas que todavía no alcanzaron sus respectivos límites de emisión de CO2 y de este modo queda autorizado a emitir gases de efecto estufa. El valor de ese permiso debe ser inferior a la multa que el país rico pagaría, en el caso de que sobrepasara su límite de emisión de CO2.

Pero surge ahora una nueva propuesta: la venta de servicios ambientales. Léase: apropiación y mercantilización de las selvas tropicales, bosques plantados (sembrados por el ser humano) y ecosistemas. Debido a la crisis financiera que afecta a los países desarrollados el capital anda buscando nuevas fuentes de lucro. Al capital industrial (producción) y al capital financiero (especulación) se le suma ahora el capital natural (apropición de la naturaleza), conocido también como economía verde.

La diferencia de los servicios ambientales es que no son prestados por una persona o empresa, sino ofrecidos, gratuitamente, por la naturaleza: agua, alimentos, plantas medicinales, carbono (su absorción y almacenamiento), minerales, madera, etc. La propuesta es poner un basta a dicha gratuidad. En la lógica capitalista el valor de cambio de un bien está por encima de su valor de uso. Por lo cual los bienes naturales deben tener precio.

Los consumidores de los bienes de la naturaleza pasarían a pagar, no sólo por la administración de la "manufactura" del producto (igual que pagamos por el agua que sale por el grifo en casa), sino por el bien mismo. Sucede que la naturaleza no tiene cuenta bancaria para recibir el dinero pagado por los servicios que presta. Los defensores de esta propuesta afirman que, por tanto, alguien o alguna institución debe recibir el pago (el don de la selva o del ecosistema).

Tal propuesta no toma en cuenta a las comunidades que habitan en las selvas. Dice una habitante de la comuidad de Katobo, selva de la República Democrática del Congo: "En la selva recogemos leña, cultivamos alimentos y comemos. La selva proporciona todo: legumbres, toda clase de animales, y eso nos permite vivir bien. Por eso nos sentimos muy felices en nuestra selva, porque nos permite conseguir todo lo que necesitamos. Cuando oímos que la selva puede estar en peligro, eso nos preocupa, porque no podríamos vivir fuera de la selva. Y si alguien nos ordenara salir de la selva, quedaríamos con mucha rabia, porque no podemos imaginar una vida que no sea dentro o cerca de la selva. Cuando plantamos alimentos, tenemos comida, tenemos agricultura, y también caza, y las mujeres recogen mariscos y peces en los ríos. Tenemos diferentes tipos de legumbres, y también plantas comestibles de la selva, y frutas y todo tipo de cosas que comemos, que nos dan fuerza y energía, proteínas, y todo lo que necesitamos".

El comercio de servicios ambientales ignora esa visión de los pueblos de la selva. Se trata de un nuevo mecanismo de mercado, por lo cual la naturaleza es cuantificada en unidades comercializables.

Esta idea, que suena como absurda, surgió en los países industrializados del hemisferio Norte en la década de 1970, cuando se dio la crisis ambiental. Europa y los Estados Unidos comprendieron que los recursos naturales son limitados. La Tierra no tiene forma de ser ampliada. Y está enferma, contaminada y degradada.

Ante esto los ideólogos del capitalismo propusieron valorar los recursos naturales para salvarlos. Calcularon el valor de los servicios ambientales entre US$ 160 mil y 540 mil millones (el PIB mundial, o sea la suma de bienes y servicios, totaliza actualmente US$ 620 mil millones). "Es el momento de reconocer que la naturaleza es la mayor empresa del mundo, trabajando para beneficiar al 100 % de la humanidad, y lo hace de gratis", afirmó Jean-Cristophe Vié, director del Programa de Especies de la IUCN, principal red global para la conservación de la naturaleza, financiada por gobiernos, agencias multilaterales y empresas multinacionales.

En 1969 Garret Hardin publicó el artículo "La tragedia de los comunitarios", para justificar la necesidad de cercar la naturaleza, privatizarla, y garantizar así su preservación. Según el autor, el uso local y gratuito de la naturaleza, como lo hace una tribu indígena, acaba en destrucción (lo que no corresponde a la verdad). La única forma de preservarla para el bien común es volverla administrable por quien tenga competencia, o sea las grandes corporaciones empresariales. He ahí la tesis de la economía verde.

Pero de sobra sabemos cómo enfocan ellas la naturaleza: como mera productora de "commodities". Por lo cual empresas extranjeras compran, en el Brasil, cada vez más tierras, lo que significa una desapropiación mercantil de nuestro territorio. (Traducción de J.L.Burguet)


- Frei Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el Universwo. Ecología y espiritualidad", entre otros libros. http://www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148894&titular=se-vende-la-naturaleza- 

Un fraude llamado “locomotora minera”

Un fraude llamado “locomotora minera”:
Freddy Cante

Agencia Prensa Rural


El Estado se está convirtiendo en cómplice de los nuevos conquistadores ante un país que ve crecer rápidamente sus exportaciones, pero no percibe avances en la distribución de esos enormes ingresos: las regalías sólo han sido un factor de distracción.


“Los españoles descubrieron América hace 500 años y los canadienses descubrieron Colombia hace 10. De lo que estamos muy contentos”.

Juan Carlos Echeverry, Ministro de Hacienda


“Con criterios objetivos se asignarán títulos mineros a quienes realmente tengan la idoneidad y la capacidad técnica y económica para explotar los recursos, bajo estándares de responsabilidad social y ambiental”.

Mauricio Cárdenas
, Ministro de Minas y Energía


“Hacer minería con responsabilidad ambiental es posible y no se debe caer en el falso dilema de minería o medio ambiente…”  
Claudia Jiménez, Directora Ejecutiva, Minería a Gran Escala



Gracias a los buenos oficios de funcionarios como los citados, estamos pasando rápidamente de la extracción gota a gota — la minería artesanal, ínfimamente productiva— a la avalancha de minerales hacia los mercados internacionales: la extracción en el menor tiempo posible de nuestro potencial energético agotable.


La metáfora de la locomotora aplica al sector transformador o secundario y se asocia con la revolución industrial. Las locomotoras se mueven por conversión de energía térmica en movimiento mecánico. Esto no sería posible sin el combustible que se deriva de recursos naturales como la madera, el agua o los minerales.

Como cinco siglos atrás, gran parte de nuestra economía está hoy anclada en actividades extractivas. La misma lógica aplica a otras fuentes energéticas, como el uso del agua para producir electricidad y el uso de vegetales para alimentar motores.

El país se está convirtiendo en una enorme despensa o cantera para proveer minerales que —transformados por otros más vivos en combustibles— serán usados para mover las verdaderas locomotoras del mundo industrializado.


Recursos que se agotan

El proceso económico no es circular: más bien implica el desgaste creciente de los recursos naturales. Estamos abocados a una transformación continuada e irrevocable de baja en alta entropía. Para Roegen [1], por ejemplo, existen límites al desarrollo económico que deben guiar las decisiones sobre la intensidad de la explotación de recursos minerales agotables. Antes de tomar tales decisiones se necesita discutir seriamente acerca de problemas como los siguientes:

Aunque “… la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma... En el universo hay una degradación cualitativa continua e irrevocable de energía libre en energía independiente (o desordenada y caótica). Esta degradación abarca todo lo existente, incluso aquello que no ha sido alterado por el trabajo humano”.

Existe un límite cierto e inexorable de las reservas de recursos de baja entropía. La energía libre no puede utilizarse más de una vez. Entonces, la dotación de energía de la humanidad se extinguirá inexorablemente – y aun suponiendo una población constante (sin la abrumadora explosión demográfica) y un flujo constante per cápita de recursos mineros extraídos.

El progreso tecnológico —la continua revolución industrial— ha significado un largo proceso de intensificación en el uso de la energía del Planeta: desde la fuente de baja entropía más abundante —la radiación solar que hace posible la agricultura — a la menos abundante —recursos minerales que más tarde se queman en la industria—.

Sin los flujos de la agricultura y la minería no habría producción industrial (y viceversa). No obstante el ritmo al que llegan los recursos agrícolas y minerales a la industria limita la producción humana.


La industrialización y la minería causan perjuicios ambientales inevitables:


La contaminación: el proceso económico transforma la baja entropía en desechos, muchos de ellos nocivos, y causa el sobrecalentamiento global mediante la combustión de maderas y de petróleo;

El despliegue de energías destructivas como la energía nuclear, ya sea para fines bélicos o para generar energía supuestamente limpia;

La extracción de recursos minerales y los usos del agua para hidroeléctricas alteran la naturaleza, como la extirpación de un órgano afecta el desempeño de un organismo vivo.


Un fraude doble

Los fundadores de la teoría económica —Smith, Ricardo, Malthus y Marx— establecieron la existencia de tres fuentes de ingresos, correspondientes a tres clases sociales distintas: el trabajo, el capital y la renta. La economía y las empresas requieren trabajadores, maquinarias y recursos naturales.

El trabajo —ya sea simple o complejo, burdo o calificado— permite transformar el mundo: trasladar los materiales de unos espacios a otros o alterar su forma y composición para producir artículos terminados. También las transformaciones sociales, la política y la organización humana exigen trabajo. El trabajo intelectual, núcleo de una economía terciaria o del conocimiento, se traduce en servicios y en creaciones, en respuestas a interrogantes y solución de problemas que nos ayudan en la transformación del mundo.

El capital equivale a trabajo acumulado en un lapso de tiempo: i. si es capital físico consiste en un acervo de instrumentos (máquinas y herramientas) que surgieron de un trabajo pretérito;

ii. si es capital humano consiste en un conjunto de saber-hacer tecnológico, de habilidades y de conocimientos, y de imaginación que se pueden entender como un trabajo complejo.

El pago por recursos naturales -la “renta de la tierra”- por el contrario, no es producto del trabajo y por eso equivale a un doble robo social:

i. es un subproducto derivado de la propiedad del suelo, originalmente producido por la naturaleza, y pagado al terrateniente por permitir el acceso y el uso de los poderes o servicios o energías productivos del suelo;

ii. esta renta aumenta de manera sostenida, debido a la escasez de tierras de “alta calidad” para usos productivos (calidad que depende sobre todo de la localización y la fertilidad o potencial productivo). Así pues, los rentistas no trabajan; son parásitos que prosperan a medida que aumenta la población y crece la demanda por productos que utilizan recursos naturales.

Prosperidad no democrática

En el contexto colombiano y en el caso de la renta de las minas, el Estado opera como un terrateniente sui generis. Por una parte y en teoría protege o administra la riqueza del subsuelo —que es propiedad de todos—. Por otra parte y en realidad la minería es una fábrica de rentas para explotadores —foráneos en su mayoría— con el respaldo del Estado, a cambio de un humillante goteo de regalías, que ni siquiera se atreve a cobrar en su totalidad (y así lo muestra, por ejemplo, Guillermo Rudas en Razón Pública):

El título para explotar una mina se recibe de manera gratuita o tiene muy bajo costo, pero su dueño disfruta de una renta jugosa, que aumenta cuando suben los precios del mineral o a medida que éste se va volviendo más escaso.

Los ingresos astronómicos (rentas exclusivas) de una firma que tiene derechos para explotar una mina, se derivan del “saber hacer”, de la tecnología que le permite explorar y extraer los recursos minerales. Las grandes compañías mineras manejan recursos “posicionales” (es decir, generadores de rentas) en términos de secretos industriales, de tecnología sofisticada y de capital humano.

El dueño de aquel título puede usar y abusar de su derecho. Como hoy por hoy la minería genera más valor agregado que las demás “improductivas” faenas económicas, el minero puede vulnerar los derechos de otra gente y causar daños sobre bienes públicos como la preservación ambiental, la apacibilidad, el desarrollo agrícola, la preservación cultural y el simple deleite con el paisaje natural.

No hay que olvidar que la queja y la protesta son derechos costosos, al igual que la acción colectiva de las víctimas.

Existe tal asimetría de información que la compañía poseedora de una concesión sabe qué recursos contiene la mina y a qué ritmo los extrae… cosa que ignoran el Estado y el ciudadano de la calle.

El recurso mineral está sujeto a rendimientos decrecientes y a un agotamiento inevitable. Los minerales no son expandibles ni reproducibles, mientras el suelo urbano se puede multiplicar debido a la densificación, la tierra agrícola se puede transformar para hacerla más fértil debido a los abonos, y la mano de obra se puede reproducir gracias a los salarios.

Los recursos minerales líquidos, sólidos o gaseosos emanan de la tierra a manera de una donación. Quien los posee, los toma y los vende al mejor postor y se queda con la parte sustancial de la renta.

Los pocos ingresos derivados del trabajo que implica la actividad extractiva se reparten entre unas pocas decenas de trabajadores muy calificados y bien remunerados (técnicos nacionales o extranjeros) y varios miles de obreros rasos (que extraen, limpian, empacan y transportan dichos materiales) a cambio de bajos salarios y poca seguridad.


Fuente: http://prensarural.org/spip/spip.php?article8274

La centralidad del agua en la disputa global por recursos estratégicos

La centralidad del agua en la disputa global por recursos estratégicos:
Alai-AmLatina


 Dos visiones contrapuestas están en choque en la disputa global por el agua. La primera, basada en la lógica de la mercantilización de este recurso, que pretende convertirlo en un commodity, sujeto a una política de precios cada vez más dominada por el proceso de financierización y el llamado “mercado de futuros”. Esta visión encuentra en el Consejo Mundial del Agua, compuesto por representantes de las principales empresas privadas de agua que dominan 75% del mercado mundial, su espacio de articulación más dinámico. El Segundo Forum Mundial del Agua, realizado en el año 2000 declaró, en el documento final de la reunión, que el agua no es más un “derecho inalienable”, sino una “necesidad humana”. Esta declaración justifica, desde el punto de vista ético, el proceso en curso de desregulación y privatización de este recurso natural. La última reunión realizada con el nombre de IV Forum Mundial del Agua, en marzo de 2009 en Estambul, ratifica esta caracterización del Agua. Un aliado importante del Consejo Mundial del Agua ha sido el Banco Mundial, principal impulsor de las empresas mixtas, público-privadas, para la gestión local del agua.

La otra visión se reafirma en la consideración del agua como derecho humano inalienable. Esta perspectiva es defendida por un amplio conjunto de movimientos sociales, activistas e intelectuales articulados en un movimiento global por la defensa del agua, que propone la creación de espacios democráticos y transparentes para la discusión de esta problemática a nivel planetario. Este movimiento, que no reconoce la legitimidad del Foro Mundial del Agua, elaboró una declaración alternativa a la reunión de Estambul, reivindicando la creación de un espacio de debate global del agua en los marcos de la ONU, reafirmando la necesidad de la gestión pública de este recurso y su condición de derecho humano inalienable(1).

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en julio del 2010 la propuesta presentada por Bolivia, y respaldada por otros 33 Estados, de declarar el acceso al agua potable como un derecho humano. Como era previsible, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Australia y el Reino Unido se opusieron a esta resolución, con lo cual, en opinión de Maude Barlow, ex-asesora sobre agua del presidente de la Asamblea General de la ONU, esta resolución pierde peso político y viabilidad práctica(2). Estos cuatro países, y sus fuerzas políticas más conservadoras, aparecen como el gran obstáculo. El peligro para los operadores del agua es grande, ciertamente, un reconocimiento del agua y el saneamiento como derecho humano pondría límites a los derechos de las grandes corporaciones sobre los recursos hídricos, derechos consagrados por los acuerdos multilaterales de comercio e inversión.

Los gobiernos de América Latina están avanzando en el reconocimiento del agua como derecho inalienable y en la afirmación de la soberanía y gestión pública de estos recursos. La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia reconoce, en su artículo 371, que el “el agua constituye un derecho fundamentalísimo para la vida, en el marco de la soberanía del pueblo”, establece además que “el Estado promoverá el uso y acceso al agua sobre la base de principios de solidaridad, complementariedad, reciprocidad, equidad, diversidad y sustentabilidad”.
Ciertamente, la disputa por la apropiación y el control del agua en el planeta adquiere dimensiones que extrapolan únicamente los intereses mercantilistas de las empresas transnacionales, colocándose como un elemento fundamental en la geopolítica mundial. Está claro que el planeta necesita urgentemente una política global para cambiar la tendencia del complejo proceso de desorden ecológico que, al mismo tiempo que acelera la dinámica de desertificación en algunas regiones, incrementa los fenómenos de inundación producto de lluvias torrenciales, en otras. Las consecuencias devastadoras que la degradación de medio ambiente está provocando y la gravedad de la situación global que tiende a profundizarse colocan en discusión la propia noción de desarrollo y de civilización.

Los acuíferos y la preservación de ecosistemas
Desde hace mucho tiempo, las investigaciones hidrológicas de los ciclos globales del agua han demostrado que 99% del agua dulce accesible del planeta se encuentra en los acuíferos de agua dulce, visibles en los ríos, lagos y capas congeladas de hielo. Estas aguas constituyen sistemas hídricos dinámicos y desarrollan sus propios mecanismos de reposición que dependen, fundamentalmente, de las lluvias. Parte de este caudal se infiltra en las rocas subyacentes y se deposita debajo de la superficie, en lo que se conoce como acuíferos. Los acuíferos reciben reposición de las lluvias, por lo que son, en su mayoría, renovables. Dependiendo del tamaño y las condiciones climáticas de la ubicación de los acuíferos, el período de renovación oscila entre días y semanas (en las rocas kársticas), o entre años y miles de años si se trata de grandes cuencas sedimentarias. En regiones donde la reposición es muy limitada (como en las regiones áridas e hiperáridas) el recurso de agua subterránea puede ser considerado como "no renovable"(3).

Los acuíferos y las aguas subterráneas que los conforman, son parte de un ciclo hidrológico cuyo funcionamiento determina una compleja interrelación con el medio ambiente. Las aguas subterráneas son un elemento clave para muchos procesos geológicos e hidro-químicos, y tienen también una función relevante en la reserva ecológica, ya que mantienen el caudal los ríos y son la base de los lagos y los pantanos, impactando definitivamente en los hábitats acuáticos que se encuentran en ellos. Por lo tanto, los sistemas acuíferos además de ser reservas importantes de agua dulce, son fundamentales para la preservación de los ecosistemas.

La identificación de los sistemas acuíferos es un requisito básico para cualquier política de sustentabilidad y gestión de recursos hídricos que permitan que el sistema continúe funcionando, y desde el punto de vista de nuestras investigaciones, es imprescindible para un análisis geopolítico que busque poner en evidencia elementos estratégicos en la disputa por el control y apropiación del agua.

Las grandes reservas hídricas cómo la cuenca del Congo, Amazonas, el acuífero Guaraní o los grandes lagos de África central coinciden con la existencia de grandes poblaciones en expansión y fuertes conflictos étnicos y religiosos. Además, gran parte de los países de esta región se encuentran bajo fuerte presión del sistema financiero internacional que busca implantar una gestión neoliberal de los recursos hídricos a través de su personal técnico para el que las estaciones de tratamiento de agua, reciclaje y construcción de mecanismos que eviten la contaminación de los acuíferos, son gastos superfluos(4).

Se trata de un proceso violento de expropiación y privatización del recurso natural más importante para la vida. A pesar de la centralidad del agua potable para consumo humano, es necesario señalar también la importancia vital de este recurso para la agricultura, que impacta directamente la soberanía alimentaria, y para el proceso industrial en su conjunto.

Los mayores acuíferos de Europa se encuentran en la región euroasiática, destacando, por su dimensión, la cuenca Rusa, más cercana a la región polar. Europa occidental se ve reducida al único acuífero de mediano porte, en la cuenca de París. En casi todos los casos, las reservas de agua de Europa padecen de problemas que afectan su calidad, lo que amplió drásticamente el consumo de agua embotellada, que se ha convertido en un ítem obligatorio en la canasta de consumo familiar(5). Europa registra, proporcionalmente, la mayor tasa mundial de extracción de agua para consumo humano: del total de agua que se extrae, más del 50% es utilizada por los municipios, aproximadamente 40% se destina a la agricultura y el resto se consume el sector industrial.

Asia depende de los grandes acuíferos del norte de China y la Siberia, más próxima de la región polar. Uno de los casos más graves es el de la India, que junto con Estados Unidos, tiene una de las tasas más altas de extracción de agua subterránea del mundo.
América del Sur posee tres grandes acuíferos: la Cuenca del Amazonas, la Cuenca del Marañón y el sistema acuífero Guaraní, que más parece un “mar subterráneo” de agua dulce que se extiende por cuatro países del cono sur: Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Por el volumen de las reservas de estos acuíferos y por la capacidad de reposición del agua de estos sistemas, América del Sur representa la principal reserva de agua dulce del planeta.

Las regiones más críticas, por tener una reposición limitada de agua (menos de 5 milímetros de lluvia al año), son el norte de África, en la región desértica del Sahara; la India; Asia central; gran parte de Australia; la estrecha franja desértica que va desde la costa peruana hasta el desierto de Atacama en Chile y la región norte de México y gran parte de la región centro oeste de Estados Unidos. En estas regiones, se puede considerar el agua como recurso no renovable. África subsahariana, el sudeste asiático, Europa, los Balcanes, la región norte de Asia y la región nor-occidental de América del Norte registran niveles moderados de reposición de agua, entre 50 y 100 mm. al año.

La región de mayor reposición de agua del mundo es América del Sur donde, en casi todo el territorio subcontinental, se registran niveles de reposición de agua mayores a 500 mm./año, lo que constituye el principal factor de abastecimiento de los sistemas acuíferos de la región. Esta altísima capacidad de reposición de aguas superficiales y subterráneas es fundamental, no solo para el abastecimiento de agua dulce sino también para la manutención y reproducción de los sistemas ecológicos y la biodiversidad en la región.

Notas
1) Véase: Mabel Faria de Melo. “Água não é mercadoria”. En: ALAI, 3 de abril de 2009.
2) Véase: Roberto Bissio. El derecho humano al agua. Disponible en http://alainet.org/active/39769
3) Atlas of Transboundary Aquifers. Global maps, regional cooperation and local inventories. Paris : UNESCO, p. 16.
4) TEIXEIRA, Francisco Carlos. Por uma geopolítica da água. 23 de enero de 2011. Disponible en http://www.tempopresente.org/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=77,
5) Ibid.


Ver texto completo en: http://alainet.org/publica/473.phtml de la revista “América Latina en Movimiento”, No 473, correspondiente a marzo 2012 y que trata sobre "Extractivismo: contradicciones y conflictividad”.

- Monica Bruckmann es socióloga, doctora en ciencia política, profesora del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil) e investigadora de la Cátedra y Red Unesco/Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sustentable - REGGEN

La minería depredadora

La minería depredadora: Por:  | 9:06 p.m. | 19 de Abril del 2012 El Tiempo


La minería extractiva es, además de un problema económico y ambiental, un asunto político de gran trascendencia por cuanto implica tomar decisiones que comprometen a veces la integridad del país y afectan la vida de los ciudadanos. La minería del carbón en La Guajira y en el Cesar amerita un cuestionamiento serio; el extractivismo depredatorio va dejando, por ahora, escasos beneficios y muchos lastres. ¿A qué modelo de desarrollo le apunta el otorgamiento de licencias a granel? ¿A qué obedece el afán desbordado de obtener  permisos de explotación por parte de particulares, y del Gobierno por adjudicarlos? Todo, a espaldas de una ciudadanía cuya opinión no cuenta. Los pobladores, que tendrían derecho a beneficiarse de los recursos con los que la naturaleza los dotó, terminan desplazados, ilusionados con espejitos de bienestar y conformes con las migajas que les llegan a través de las regalías, buena parte de las cuales se "esfuma" en los entresijos de la corrupción. Es así por la debilidad institucional de la región, por falta de control político, fiscal y administrativo.
Mucho se habla en algunas esferas gubernamentales de desarrollo sostenible y sustentable. Conviene preguntarse: ¿Qué modelo inspiró la política minera? ¿Cuáles son y quién hizo los estudios de impacto ambiental de la minería a cielo abierto? ¿Qué recomiendan? ¿Quién vigila? El debate es necesario, lo contrario es aceptar las imposiciones del Gobierno y de las empresas transnacionales, que, en nombre de un falso desarrollo y del afán inversionista, andan desaforadas escarbando el último rincón para extraer, como sea, el carbón. Ya se habla de concentración de títulos mineros en pocas empresas y/o personas y de falta de rigor técnico en el análisis de la capacidad operativa y económica de los favorecidos con las licencias.

Desde luego, el apetito por los carbones colombianos está justificado, son los mejores del mundo, son minerales limpios, poco contaminados y de alto valor energético; así lo dicen los compradores y así lo anuncia en su página web la transnacional brasilera MPX, a la que le fueron adjudicadas 62.200 hectáreas en La Guajira; son tres minas a cielo abierto: Cañaverales, Papayal y San Benito, y otra mina subterránea en San Juan del Cesar. Las reservas probables alcanzan los 1.740 millones de toneladas. El propietario de la empresa ha dicho que los activos de estas minas son de un valor inestimable, pero los ha calculado entre 4.000 y 6.000 millones de dólares. La producción se estima en 25 millones de toneladas anuales a partir del 2012, cifra que crecerá hasta 35 millones en el 2015 y se duplicará a partir del 2020. Con el volumen de reservas anotado, tienen para muchos años de buenas ganancias. Comparadas estas cifras con el monto de las regalías que percibirán el departamento y los municipios, se entiende la clase de negocios que hace el Estado colombiano en nombre de los guajiros.

La Guajira es el primer productor de gas y de carbón en Colombia desde hace varias décadas. Sin embargo, su PIB per cápita es inferior al promedio nacional y descendió notoriamente en la década del 60, cuando aumentaban las regalías; es un departamento con una deuda pública elevada y sus tasas de cobertura en salud y educación son inferiores al promedio nacional. Los encadenamientos productivos que generan las explotaciones carboníferas son pocos y limitados. El desempleo es muy alto y el contrabando, sobre todo el de gasolina, sigue siendo una importante fuente de ingresos para la mayoría de los jóvenes.
No hay que oponerse a la explotación de los recursos naturales ni pretender limitar la inversión nacional o extranjera. Pero tampoco puede permitirse que todo esto se dé a costa del deterioro ambiental y en perjuicio de la mayoría de los habitantes de la región. Urgen muchas rectificaciones y la acción ciudadana es vital para adelantar ese proceso.

viernes, 1 de junio de 2012

Una sorpresa en tierra y una sorpresa en el cielo del valle Þingvellir (Islandia)

Una sorpresa en tierra y una sorpresa en el cielo del valle Þingvellir (Islandia):
Puedes seguirnos en Twitter @101lugares
¿Qué opinan de un plan así?. Hablamos de sorprendernos por dos en un mismo lugar. Una sorpresa durante el día, y una sorpresa en la noche. Para todo ello habría que considerar trasladarse a al valle Þingvellir, o Thingvellir, al sudeste de Islandia. No quiero agregar demasiado porque es mejor pasar a ver de lo que hablo a través de las imágenes seleccionadas.

Arnar Valdimarsson
Sólo agregaría, que como primera sorpresa, mientras la luz del día lo permita, simplemente caminemos para descubrir el paisaje que nos envuelve hacia todos lados. Por la noche en cambio lo mejor es cubrirse de abrigo y mirar al cielo, un cielo que nos puede brindar una de las mejores experiencias en sintonía con la naturaleza, y en uno de los mejores lugares para observarla, nada menos.

1. La sorpresa del paisaje a la luz del día

A plena luz natural, se desnuda un paisaje impresionante: Las formaciones tectónicas, con fallas que atraviesan el paisaje, sumados a la actividad volcánica completan un panorama único que además posee un enorme valor histórico:

pocius
En la orilla norte del lago Þingvallavatn, el más grande de Islandia, se encuentra el valle de Þingvellir, un parque nacional incluido en la ruta turística más famosa del país. Suelos rocosos, gritas, lagos, piscinas naturales y hasta una majestuosa cascada que tampoco es tan inusual en Islandia

Thomas Ormston

Stig Nygaard
Declarado además como Patrimonio de la Humanidad, en el Parque Þingvellir y en el valle funcionó por siglos una de las instituciones parlamentarias más antiguas del mundo, el Alþingi. El Alþingi, era una congregación que se reunía actualmente para recitar leyes y decidir disputas entre los habitantes del área, todo un emblema de la tradición islandesa en conjunción con el increíble paisaje.

Nicolas Loeuillet

Chris Hartman

Rudi Riet

adam w

Stig Nygaard


Andrea Schaffer

Francois Marier

Jim Trodel

Grétar Guolaugsson

Clem

2. La segunda sorpresa: obligado mirar el cielo.

En Þingvellir se encuentra uno de los lugares más bellos del mundo para observar la aurora boreal. A las pruebas me remito. Cuando la noche boreal se adueña del valle, comprobaremos in situ la razón por la que nos encontramos en el mejor lugar de Islandia para observar ésta maravilla natural:

Arnar Valdimarsson

Arnar Valdimarsson

Arnar Valdimarsson

Arnar Valdimarsson

Arnar Valdimarsson
Parece que vale la pena ir ¿no es así?…

jueves, 31 de mayo de 2012

Magnum Venturi, un generador eólico diferente para la Pampa

Magnum Venturi, un generador eólico diferente para la Pampa:
En determinadas zonas geográficas donde el viento forma parte inseparable del paisaje es tradicional que se aproveche el mismo mediante molinos. En los últimos tiempos además han proliferado los generadores eólicos, una forma de aprovechar la tecnología de las energías renovables que todos conocemos en forma de enormes aspas que se mueven al ritmo del viento. Pero en lugares como la Pampa argentina hay una alta prevalencia de corrientes de viento que soplan casi siempre en la misma dirección, r lo que el aprovechamiento de esa circunstancia puede dar lugar al desarrollo de nuevas técnicas como la que propone el proyecto Magnus Venturi, específicamente orientado a sacar el mayor rendimiento de potentes vientos que siempre vienen de la misma dirección.

En esencia se trata de construir una estructura que dirija el viento a unos rotores especiales que aprovecharan la diferencia básica que mantiene este sistema con los habituales aéreo generadores, consistentes en gigantescas hélices a varios metros sobre el suelo.
En su lugar el Magnus Venturi consistiría en una especie de gigantesco embudo que canaliza el viento, que recordemos, casi siempre provendría del mismo sitio, por una toberahacia unos rotores que optimizarían el funcionamiento al recibir impulso eólico siempre desde la misma dirección.
De hecho el propio nombre explicaría bastante bien el funcionamiento. Recordemos que en el ámbito de la Física el efecto Magnus tiene que ver con la rotación mientras que efecto Venturi se refiere aumento de la velocidad y la consiguiente disminución de la presión. A diferencia, pues, de los molinos de viento que conocemos, aquí funcionamiento seria por torsión y no por sustentación.
También presenta otras particularidades que facilitarían su construcción, como es que en lugar de emplear materiales y diseños aeronáuticos basta con acero y cemento, lo que facilita y abarata el proceso constructivo. [La Nación]